[Versión 0.1]
Proposición primera. El #15M es la expresión de una sociabilidad humana recompuesta por teclados interconectados, segmentada por los tiempos interrumpidos del trabajo precario, constantemente erotizada en pantallas caleidoscópicas, en fuga de los confines delimitados por las barreras nacionales, imposible de empalar con la vertical arbórea de los partidos y los sindicatos. No es apoliticismo, es afirmación de una política autónoma. No es apartidismo, es afirmación de la política de movimiento. Tampoco es desafección, sino una afección que se da en otra parte, que llega desde cualquier otra parte y conecta el underground con los cielos a través de un modelo comunicativo atmosférico donde priman las turbulencias. Para comprender el micelio hay que interrogar la climatología que articula sus líneas vegetativas y aéreas.
8. Asistimos a la restauración, por fin, de la importancia que otrora tuvieron los meteoros en los planos de la política y el pensamiento. ¿Por qué abandonó o marginó un día la filosofía la reflexión acerca del tiempo climático y los cielos? Respuesta: por clausura higiénica, al nacer los laboratorios. Desde Aristóteles a Descartes nadie era digno del título de filósofo si no había escrito sobre los Meteoros. En lo sucesivo, los autores aislaron artificialmente el tiempo-que-es (Time, Zeit) del tiempo-que-hace (Weather, Wetter) y dejaron que se encargase de este último la ciencia[1]. Pero ahora, tecnificada la ontología y reflexionadas las ciencias, vuelven a converger los dos tiempos. No es que el tiempo-que-hace haga el tiempo-que-es, o viceversa, es que ambos tiempos para ser se hacen. Eso es lo que nos enseñan los debates contemporáneos sobre el “calentamiento global”: tan natural como el animal que se reconoce responsable, tan artificial como la calenturienta manera como se presente esta animal en la historia del mundo, ahora en el Antropoceno[2]. Por tanto, necesidad de un pensamiento climático y una meteorología política que comprenda lo vivido (le vécu) y el viviente (le vivant), trenzados sus agenciamientos en estas temporalidades ambientalmente redefinidas. 2.0, reinvención de la filosofía, pero al modo científico, de experimento y laboratorio, pero al modo griego: filosofía como arte de modelar maneras de vivir. Diremos: no es teoría, es pensamiento. Tampoco especulación, sino modo de vida. Su política da la bienvenida a los acontecimientos atmosféricos. Laboratorio a cielo abierto. La tormenta de arena, el viento solar, la tempestad y los vendavales de bits. Demonios de arena: un curioso fenómeno, climático y animal a la vez, que vuelve a plantear problemas (ver Capítulo III).
9. René Descartes, “nada de este filósofo perdura en nuestros días: ni su teoría de las pasiones, burda, ni su física, de imaginación novelesca, y menos todavía su método, inútil, y sin embargo nos acordamos mucho menos de aquello por lo que triunfa verdaderamente y sigue vivo, este sistema de torbellinos, tradicionalmente ridiculizado”[3]. Ruedas dentro de ruedas de torbellinos, fluido de circulaciones, partícula a partícula se toman las plazas y se engranan los pliegues de las tiendas de campaña. La sociabilidad en rizoma requiere políticas acordes a su esencia. Esto es, una política nómada, demasiado difícil de disciplinar en los cuadros y en las casillas para rellenar de las burocracias ideológicas. Imposible de llevar a combatir en formación y bajo un mando, como avanzaban los ejércitos de chapas relucientes por los campos de antaño. Ruedas sobre ruedas descentradas, para pensar climatológicamente la política de la guerra. El micelio político practica un arte ambiental de asedio, pero un tanto extraño. ¿Quién asedia qué exactamente?
10. En otros tiempos conocimos el asedio de las ciudades amuralladas: el anillo de guerreros recortaba la urbe sustrayendo sus líneas de abastecimiento, simplificando la maraña de sus agenciamientos, condenándola así a la hambruna y las enfermedades. Tenemos constancia también del semi-asedio a las aldeas campesinas, como los mbuti en el Congo, considerados por sus vecinos bantúes como pequeños demonios del bosque, casi invisibles. El lindero selvático rodeaba parcialmente la aldea. De vez en cuando, al caer la noche, los mbuti entraban a robar en las plantaciones. Rápidas incursiones. Pero ahora ninguno de estos dos modelos nos valen. El asedio es “interno”. Realmente, no hay lugar para una guerra de posiciones. Tampoco límite predefinido ni distinción fija entre la ciudad y la planicie o el desierto, la aldea y la selva, el amigo y el enemigo. Es como si Al Azif, el rumor de los insectos por la noche o la tormenta de demonios arenosos, soplase desde algún lugar secreto hacia las calles y dentro de cada casa.
11. Así, el micelio político practica una forma de guerrilla metropolitana que bien podemos considerar heredera de aquella otra teorizada por Lawrence de Arabia. ¿Cómo ganar una guerra sin tener qué derramar una gota de sangre? Tal era la pregunta que meditaba y respondía de la siguiente manera: no ofrecer nunca al enemigo un cuerpo donde golpear, no enfrentarse jamás. ¿Dónde atacar? Allí donde el enemigo no está. Ecología insurrecta de esencias impuras: hay que contaminar el medio, poner a las poblaciones en contra de sus ocupantes, sabotear las rutas como hacían los piratas. Pero también evitar el cerco. Los árabes y los piratas ya no pensaban en círculos dentro de medios, como el círculo amurallado de la ciudad y el círculo mayor del asedio, o el poblado bantú rodeado por la opacidad selvática mbuti. Muy por el contrario, fragmentan el territorio hasta el infinito, en gotas de agua salada y granos de arena, recorriéndolo en tanto que complejo emergente de líneas de fuga y coeficientes. Lawrence enfatizaba la importancia del factor algebraico: si la sedición se propaga en las más de 100.000 millas cuadradas árabes sin atrincherar, nada podrían hacer los turcos para resultar victoriosos; tendrían que establecer un fuerte cada cuatro millas cuadradas, dejar en cada uno veinte soldados, movilizar en total a 600.000, pero eso no era posible. Lawrence también escribe acerca de coeficientes bionómicos. El disciplinado en serie del ejército, a la imagen de una cadena de montaje, reduce a todos y cada uno de sus guerreros al nivel peor, mínimo común denominador, con el fin de uniformalizar los engranajes de la máquina industrial de matar: “cuanto más profunda es la disciplina más baja es la eficiencia individual y más previsible la realización”[4]. En la guerrilla árabe cada individuo tiene un general en la cabeza, improvisa y planifica, es también un centro de propaganda y telecomunicaciones. Realmente el guerrillero no es una unidad sino una singularidad, comprendida estratégicamente como el resultado de la gestión de distintos vectores representados por los coeficientes de resistencia, seguridad, velocidad y ubicuidad. Lawrence resume su teoría en sesenta palabras: “si se garantiza la movilidad, la seguridad (en la forma de negar blancos al enemigo), el tiempo y la doctrina (la idea de convertir a cada individuo en simpatizante y amigo), la victoria estará del lado de los insurgentes, pues los factores algebraicos son al final decisivos, y contra ellos las perfecciones de medios y de espíritu combaten del todo en vano”[5].
12. En la guerrilla nómada el propio territorio es vectorizado: “si un punto geométrico particular del mapa del teatro bélico es de importancia estratégica, la victoria no consiste necesariamente en conquistar ese punto, en el que el enemigo se siente inatacable, sino más bien en modificar el mapa entero para convertirlo en un punto secundario”[6]. Para la victoria anglo-árabe fue fundamental abandonar el intento de recuperar Medina y defender Rabigh, puerto en el Mar Rojo y llave de acceso a La Meca. En lugar de enfrentarse, los árabes dieron la espalda a los turcos y se dirigieron hacia las vías de ferrocarril del Norte. Creyendo que era un preliminar para cortar las vías y avanzar de otro modo hasta Medina, los turcos, que estaban a las puertas de Rabigh, dieron la vuelta hacia aquella ciudad, concentrando sus fuerzas dentro de sus murallas. Pero los planes de los árabes no contemplaban el asedio de Medina, sino el desplazamiento geométrico del mapa mediante la explotación del factor algebraico. Con su movimiento buscaban diseminar las fuerzas víricamente por el underground, ganar la simpatía de las poblaciones, aumentar las millas cuadradas que los turcos se veían obligados a defender, paralizarlos ante la posibilidad de una amenaza en cualquier lugar. Al desplazarse al Norte realmente se hundían en el subsuelo para practicar un nuevo tipo de asedio: “la virtud de los [ejércitos] irregulares radica en la profundidad y no en la superficie”.[7] Con buena parte de su ejército atrincherado y el otro difuminado por un vasto territorio, los turcos fueron cayendo al tiempo que sus conexiones vitales eran saboteadas: era como si se los tragase una tormenta en el desierto. Puede leerse este relato como el enfrentamiento entre un modelo militar, disciplinar, arborescente y otro en micelio, guerrillero, profundo pero aéreo, climático. Y así es como Lawrence lo entendía: “los ejércitos son como plantas, inmóviles como un todo, enraizados, nutridos por largas ramas que llegan hasta la cabeza. Los árabes eran como un vapor llevado por el viento”[8].
13. La guerrilla del desierto no se diferencia mucho de las guerras navales: primacía del movimiento, ubiquidad, liquidez y viento, independencia de las bases y las comunicaciones, camellos o navíos, rutas y rastros. La arena es a la tierra casi lo que el océano al agua, en cualquier caso “la amenaza silenciosa de un vasto desierto desconocido”[9]. De vuelta al presente, decimos que el #15M prolonga este arte de la guerrilla nómada y esta política en la forma de micelio. Pero, ¿cómo puede persistir irreconocible un cuerpo político en un contexto, como el actual, en un clima político tan normativizado? ¿Cómo podrían volverse invisibles los agentes sinnúmero de un movimiento político ingente, en un entorno completamente saturado por las pantallas y cámaras de videovigilancia? “¡Fácil! ―contestan los tecno-nómadas― No hay más que llevarlo todo al extremo”. Sobreexposición e hiper-identificación, o dicho de otra manera, invisibilidad por exceso de iluminación, indiscernibilidad por exceso de sentido. Hay que tomarse a Baudrillard con humor, y a eso lo llamaremos con Yurchak stiob. Nuestra tesis es que el #15M ha sido una larga cadena de carcajadas, pero un poco como las de la hiena, que ríe pero no ríe, pues ella no tiene la capacidad que hace singular al homo ridens; risotadas que son tremendamente serias, con la carne desgarrada del muerto colgando de sus fauces. Y es que hay algo de carroñero en todo esto. Risa carroñera. Nunca se infravalore este tipo de humor macabro que devora lo muerto o lo moribundo. A lo largo de la historia hemos visto como minaba los cimientos de las monarquías tardo-medievales, y siglos después ayudaba a tumbar a los zares rojos (ver Capítulo V).
14. Se ha querido pensar poéticamente el micelio como un arquetipo. Hay quien descifra su misma forma en los torbellinos, y la forma de los torbellinos y el micelio calcada en las galaxias. En la Física, la arquitectura del micelio recuerda los patrones predichos por la teoría de cuerdas, y por supuesto nadie olvida el símil con las redes del ciberespacio. Así como Internet es la red de una infoesfera o neuroesfera global, el micelio tejería redes inter-especies, inteligentes y energéticas, alrededor de la biosfera. Lo cierto es que, con la ayuda de la nanotecnología, se trabaja hoy en la conexión de estas dos redes. Una amplia variedad de micelios es capaz de generar estructuras micorrizas (del griego mikos, hongo, y rhiza, raíz) que fusionan dos reinos. Ahora son elaborados sistemas micoinformáticos; conexión del hongo con la electricidad y el silicio. Se entiende que el micelio puede de aportar datos, susceptibles de ser descodificados por las computadoras, acerca de la composición del subsuelo, niveles de PH, etc.[10] El ciberpunk viaja de la ciencia a la ficción y viceversa, también a la política, pervirtiendo todas las fronteras, profanando incluso los espacios más sagrados. “Neuromante ―dijo el muchacho entornando los ojos grises y alargados de cara al sol naciente―. El camino a la tierra de los muertos. Neuro, de nervios, los senderos plateados. Ilusionista. Nigromante. Yo invoco a los muertos. Pero no, amigo mío. ―Y el muchacho ejecutó unos breves pasos de danza, los pies morenos marcando huellas en la arena. ―Yo soy los muertos, y la tierra de los muertos. ―Se echó a reír”[11]. Humor carroñero, sobre-exposición e hiper-identificación, esto es el stiob.
15. Océanos, arena, piratas, los árabes de Lawrence, guerrilla sin sangre, pantallas, videovigilancia, nómadas que vectorizan el territorio con hilos de plata. El ser del micelio, al tiempo que les da forma, habita los universos cyberpunk donde se funden las pesadillas con las esperanzas. Del mismo modo que Bruce Sterling o William Gibson remasterizaron con nuevas tecnologías viejos géneros literarios, como la novela negra o el relato utópico, el micelio político recicla todos los lenguajes anteriores, cada una de las grandes palabras. Devora lo moribundo y camina por la tierra de los muertos. Neuromante, nigromante, invoca fantasmas, asedia. Siempre el asedio fue la característica de los seres espectrales: los diablillos mbuti en la selva, los engendros que salen de la tripa del caballo en Troya mientras los ciudadanos amurallados sueñan borrachos. Un fantasma asedia Europa ― ¡Y el mundo entero! Juega con las palabras de las revoluciones pasadas. Desde el mundo de los muertos, en la Puerta del Sol el neuromante indignado invirtió el enunciado del 1968 entre risotadas: “sed imposibles, pedid realismo”. Los imposibles actualizan la palabra “revolución”, que ahora se escribe con “almohadilla” delante. Los realistas dignifican el término “democracia”, al condenar los discursos oficiales al reino de la quimera y al desmentir que pueda haber democracia sin una política afirmativa de la excesividad democrática. Un primer paso en nuestro esfuerzo por definir el concepto: la democracia es la potencia del demos que nunca se contiene en su forma
[1] M. Serres, 1995. Atlas. Madrid, Cátedra, p. 110.
[2] P. Crutzen, “The Anthropocene” en International Geosphere-Biosphere Programme, Nº 41, 2008.
[3] Serres, ibidem, p. 85.
[4] T.E. Lawrence, Guerrilla. Madrid, Acuarela, p. 32.
[5] Ibidem, p. 35.
[6] Wu Ming 4, “Junto a los ríos de Babilonia. Apuntes sobre la teoría de la guerrilla de T.E. Lawrence” en T.E. Lawrence, Guerrilla, op.cit., p. 47.
[7] T.E. Lawrence, ibidem, p. 18.
[8] Ibidem, p. 22.
[9] Ibidem, p. 24.
[10] P. Stamets, op. cit.
[11] Gibson. 2007. Neuromante. Barcelona, Minotauro, p. 289.
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