ROUND ONE: CRISIS DEL NEOLIBERALISMO
Zoopolitik en El País – Galicia
Resulta sorprendente lo poco que hoy en día importa la economía. Esta es la tesis que quisiéramos argumentar, que en el debate público el pensamiento económico es el gran ausente. Tal afirmación, contraintuitiva, requiere ser aclarada. No es posible obviar el continuo esfuerzo mediático por familiarizar al público con el vocabulario financiero, o la centralidad que en esta campaña electoral asume el problema del paro. Pero que se hable de ello no quiere decir gran cosa; pensar, en tanto que acto creador, implica la formación de conceptos y razones.
Digamos que tal pensamiento ha sido apartado, incluso vetado, por las políticas de austeridad. Esta palabra mágica nada tiene que ver con lo económico. Austeridad significa depredación y disciplina, en resumen, policía: frenar el amontonamiento de las deudas, asegurar a los acreedores ciertas probabilidades de cobro, posponer lo más posible la suspensión de pagos, minimizar el importe de la deuda que al final deba ser rescindida. La austeridad ―es algo fuera de discusión― no va encaminada a crear una estrategia de salida de la crisis. La astenia que provoca depaupera las economías hasta tal punto que los pretendidos remedios han resultado mucho peores que las enfermedades. El amago de referedum de Papandreu ha de interpretarse como una suerte de futuro anticipado, pues en el actual contexto orweliano, los rescates matan.
Ante la catástrofe aparecen entonces dos terribles amenazas: la democracia, que el pueblo exija poder decidir, y ―¡quién lo iba a decir!― una nueva versión de la lucha de clases. Desde hace años, a los ajustes estructurales del FMI, el BM y la OMC, el movimiento alterglobal opuso la condonación de la deuda de los países del “tercer mundo”. Con los movimientos de los indignados esta reivindicación, reforzada por el ejemplo de Islandia, comienza a extenderse hasta la deuda, pública y privada, de todos los trabajadores y parados. He aquí una clave fundamental del conflicto. Claro que ni la policía de los oligopolios prestamistas, ni el reseteo del precariado endeudado, son stricto sensu intervenciones económicas. La primera es securitaria; la segunda, una puesta del contador a cero.
Es precisamente cuando se intenta hablar de economía que la ausencia de tal pensamiento se hace patente. Rajoy quiere jugar la baza de siempre, el mito de la eficiencia del sector privado y la enorme capacidad de generación de empresas ―y por ende, empleo― que se atribuyen a sí mismos los liberales. Pero aquí el PSOE y el PP hablan un mismo lenguaje. En las últimas dos décadas, a la hora de abaratar el despido y subvencionar a los empresarios ―pequeños, grandes y medianos― la izquierda del centro no ha ido a la zaga del centro-derecha. Que las medidas que proponen unos y otros, las mismas que nos metieron en la crisis, puedan sacarnos de ella, es harto improbable. A estas alturas, la propia imposibilidad de ejecutarlas ―pues ni hay ni habrá dinero para mantener siquiera el nivel actual de inversión pública en los emprendedores― resulta evidente, y ellos lo saben. En cualquier caso, aquí es donde reside el problema que da nombre a este artículo.
¿Qué es el neoliberalismo? Nada lo diferenciaría del viejo si fuese sinónimo sin más del estado mínimo, la desregulación y las privatizaciones. La economía es antes que nada una tecnología de gobierno. Lo característico de la neoliberal consiste en las formas de vida que promueve y la vigilancia y constantes intervenciones que realiza para vigorizarlas. El emprendedor es la figura clave. El neoliberalismo es aquella tecnología que diseña el medio social para que el agente ―ya sea la unidad familiar, el trabajador, el estudiante, el parado o el propio estado― dirija su existencia como si fuese una empresa financiera. Así, cuando se los acusa a todos ellos, hipotecados, de haber vivido por encima de sus posibilidades, se culpa a quienes, no obstante, hicieron lo que los neoliberales mandaban. La crisis es su crisis y que los dos lados del centro político sigan apostando por el cóctel de la austeridad y las recetas neoliberales, no confirma más que su respectiva incapacidad de pensar de nuevo la economía.
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7 Comments
07 November 11 at 7:52pm
1
Cojonudo vuestro texto. Me gusta mucho ese enfoque que hacéis. De verdad yo como pensionista considero que lo que decís es cierto. Mucho tiempo ha que ese concepto "economía" debería ser considerado de otro modo, y no con esa terrible gestión sociovital en la que nos han metido unos pocos soplagaitas. Salud, compañeros. Buena suerte.
09 November 11 at 10:20am
2
Mil gracias, José manuel. :)
09 November 11 at 6:56pm
3
Gran artículo! (Y gran proyecto por cierto) En el primer párrafo apuntais una paradoja muy interesante. La economía se ha sustraído de la política, del debate público, y añado, del vínculo indisociable que debe tener siempre con la ética y lo social, para pasar a la esfera de la especulación financiera más salvaje y más desconectada de cualquier valor, principio, necesidad o pensamiento social al respecto. Desde esta esfera, nos bombardean cada día con su lenguaje técnico, como si con nosotros no fuera, como si pensar cifras y curbas de mercados de valores sólo nos permitiera el margen de pensar "que las empresas ganen y cierren en positivo es bueno; que pierdan es malo", para lo demás, economistas de traje. Pero para repensar la economía debemos volver necesariamente a verla inextricablemente unida a la sociedad y los ciudadanos, y salirnos de la ecuación simple y espantosa de las curbas positivas que ascienden hasta el infinito (y saber, que ascienden "a coste de").
09 November 11 at 7:59pm
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Hola muy buenas. Dejaré los halagos para otro momento y emplearé mi energía en lo fundamental. Entiendo por vuestros escritos que o bien no tenéis grandes conocimientos de la historia del Liberalismo y sus teorías o bien habéis escogido una muy concreta -y especialmente anacrónica- que se adapta a vuestra ideología. Para empezar, ya a partir de los escritos de Hayek se supera claramente esa visión del liberalismo del "laissez faire" del s.XIX que habéis escogido como propia. Existen corrientes liberales actualmente que si bien han evolucionado van en esa otra línea de Hayek. El liberalismo del que habláis, no lo es. No son liberales los que abogan por el rescate de la bancos en problemas, así como son contradictorias las proclamas del 15-M o de colectivos como Attac, que critican el liberalismo (o neoliberalismo que queda más chachi) y a la vez las ayudas a los bancos. El liberalismo actual defiende el libre mercado pero con reglas y no la total desregularización. Osea, que bajo unas reglas de juego para todos, el que tenga que cerrar, que cierre. Por otro lado, así como defendeis los referendums u otras formas de participación democrática no deberíais criticar a un Liberalismo que según vuestras palabras "... es aquella tecnología que diseña el medio social para que el agente dirija su existencia como si fuese una empresa financiera. Así, cuando se los acusa a todos ellos, hipotecados, de haber vivido por encima de sus posibilidades, se culpa a quienes, no obstante, hicieron lo que los neoliberales mandaban", pues entiendo que éste da la libertad a los individuos -no obliga, como expresais en el texto- de endeudarse si lo creen oportuno y de quebrar y usumir su responsabilidad si la empresa le va mal. Los referendums -con otro formato que el griego o el de la OTAN español- son una forma muy válida de participación ciudadana en la que ocurre esto. Se le da la libertad al individuo de elegir, pero logicamente debiendo asumir la responsabilidad de la elección. Un derecho y un deber. El Liberalismo lucha para que los individuos tengan libertad para administrar sus vidas, pero si estos lo hacen mal no podemos acusar al liberalismo de haberles dado esa libertad. Hay muchos ejemplos para reflejar esta idea, como el caso de la mayoría de edad. No podemos responsabilizar al Estado, de los delitos cometidos por individuos mayores de edad, porque haya sido éste el que se le haya dado esta mayoría de edad. Al comienzo del último párrafo decís: "¿Qué es el neoliberalismo? Nada lo diferenciaría del viejo si fuese sinónimo sin más del estado mínimo, la desregulación y las privatizaciones." Como expresaba más arriba si habláis del Liberalismo del "laissez faire", en las dos primeras relaciones tenéis razón, pero no en la última pues creo que en el s.XIX el poco porcentaje de propiedades de titularidad pública (sin incluir las propiedades de la Iglesia) hacía difícil esta práctica. Reconozco que en este punto tengo mis reservas y podría estar equivocado, pero mi arriesgo escribiéndolo. Para finalizar, si expresáis la carencia de pensamiento económico en la actualidad, no estaría mal que intentáseis aportar algo nuevo, entendiendo la dificultad que esto conlleva y la necesaria posesión de conocimientos en la materia. Si acusáis a los partidos mayoritarios de que "...sigan apostando por el cóctel de la austeridad y las recetas neoliberales...", creo que vosotros deberíais aportar algo más que las muy manidas críticas a estos postulados. Por mi parte comparto que la austeridad no es la panacea, aunque si un buen comienzo, y sobre todo cuando el principal problema es el del endeudamiento público (administraciones, Estados, etc) y privado (familias sobre todo con las hipotecas). Para mi la economía no debería ser principalmente una "tecnología de gobierno", y digo debería ser y no es, porque según nuestras ideas materializamos las formas. Podemos crear tantos modelos económicos como ideas al respecto tengamos. Para vosotros la economía debería ser principalmente una "tecnología de gobierno", o sea, una economía donde lo principal sea la intervención y regulación de los mercados por parte de los gobienos, por lo tanto si estáis en contra de la intervención en la Banca es solo circuntancial y fruto de la contradicción inherente a vuestros postulados; mañana podéis estar a favor perfectamente. Es más en realidad estáis a favor, es el contexto el que os impide expresar esta conformidad. El liberalismo defiende una economía como "actividad eminentemente civil", que se desarrolla bajo unas normas para todos (por ejemplo la prohibición de los monopolios) y en la que rije la libre competencia. Y la libre competencia es la forma más democrática en economía. El vendedor vende algo en función de lo que le ha costado producirlo más la ganancia que quiere sacarle, y el comprador lo compra o no según sus apreciaciones. Esto es en groso modo. Sin más, un saludo afectuoso. David Regalado Merodo. Arquitecto
10 November 11 at 11:08am
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Antes que nada, gracias Marta. Sin duda estamos en la misma onda. También agradecerte David un comentario crítico tan pormenorizado. No obstante, quisiera aclarar lo que creo que son ciertos malos entendidos. El artículo no dice que queremos que la economía sea una tecnología de gobierno; dice que la economía desde antes de Smith, desde antes de los fisiócratas, cuando menos desde los mercantilistas, fue eso, una tecnología o razón gubernamental. Una curiosidad zoopolítica: hasta el final del XVIII se hablaba indistintamente de “economía política” y de “economía animal” y ambas articulaban metáforas mecánicas para trazar una racionalidad gubernamental (por favor, no se confunda la soberanía con el arte del gobierno) de la sociedad civil. Por otra parte, no decimos que deba o no deba haber intervención. Afirmamos que el neoliberalismo es radicalmente interventor, pero que se caracteriza por un tipo muy determinado de intervención, sin duda distinto al keynesiano y al socialdemócrata. // Aunque no somos economistas, tampoco somos del todo ignorantes. Segundo malentendido: nosotros jamás hablamos del laissez faire, ni siquiera fue mencionado. Y cuando matizamos que el neoliberalismo no era sinónimo de “estado mínimo, desregularización y privatizaciones”, precisamente estábamos poniendo en cuestión la caricatura que repiten como un mantra ATTAC o por poner otro caso Noam Chomsky. Escribimos este artículo pensando entre otros en Mises y Hayek. Las frases que tuvimos que cortar para que entrase en la extensión máxima de 4200 caracteres mencionaban varias razones de la bancarrota del pensamiento neoliberal (que no de su aplicación, pues los distintos organismos lo siguen implementando). Con respecto a estos dos autores, en aquellas líneas apuntábamos hacia la conocida cuestión del cálculo económico. Según los austríacos, en una economía planificada (socialdemócrata o leninista) no hay posibilidad de extraer del mercado la verdad del valor, por tanto no es posible un gobierno propiamente económico: el estado gobierna a ciegas. No obstante, los epígonos de los austríacos, americanizados por la vía de la financiarización, han logrado crear el modelo menos susceptible de ser calculado. El cálculo aún es menos factible hoy que bajo la antigua Unión Soviética. Que no se pare de hablar de las pasiones impredecibles que manejan unos mercados retóricamente personalizados (los mercados “se ponen nerviosos”, deben ser “tranquilizados”, etc.) es sintomático. // Al igual que teníamos en mente a Mises y Hayek, no nos olvidábamos de la “vitalpolitik” de Röstow o la teoría del “capital humano” de Gary Becker, por mencionar a alguien de la famosa Escuela de Chicago. Cuando decimos que el neoliberalismo se caracteriza por ser una tecnología que diseña el medio social para que de él surjan y proliferen esas concretas formas de vida que busca producir y gestionar y que resumíamos en la figura del “emprendedor”, apuntamos hacia una diferencia significativa entre los “viejos” y los “nuevos” liberalismos. Röstow habló de la necesidad de construir un medio social particular, que bien podríamos llamar la “sociedad-empresa”. El modo de gobernación que se extrae de la teoría del capital humano de Becker prosigue esta línea. Friedman definía el nuevo liberalismo como antítesis del viejo en un punto: el “dejar hacer, dejar pasar” buscaba remover los obstáculos políticos para así dar lugar a la libertad económica; los nuevos liberalismos asumen “la libertad económica como medio para la libertad política” (tal diría Friedman que es el principal diacrítico). Esto implica una intervención y vigilancia continuada de aquello que debe asegurar la libertad política, una actuación constante para crear individuos emprendedores y un entorno donde puedan competir, una “sociedad” donde actúen como empresas en el manejo de los capitales humanos de toda índole. La empresarialización y financiarización de la familia, sus ahorros, sus casas, de los trabajadores, los parados y su modo legislado de buscar empleo, de los estudiantes que ven trocadas las becas por créditos bancarios (con consecuencias especialmente dramáticas en los USA), inseparable de una precarización continua, desembocó al fin en una crisis semi-global en la cual la tecnología neoliberal se ha mostrado funesta (tanto en el plano nacional como y muy especialmente en el supraestatal). Afirmamos que, hoy, este es uno de los dos principales "caminos de la servidumbres" (el otro es el notable desplazamiento de los conservadores hacia la extrema derecha). // Una aclaración más. Para los neoliberalismos varios, a diferencia de Smith, el homo oeconomicus no es necesariamente una realidad natural sino una ficción o modelo útil para el diseño de la acción del gobierno económico. Del mismo modo, el verdadero libre mercado no es una condición que removidas las trabas surja de por sí, sino una situación de mercado ideal (la competencia perfecta), jamás real sino como tendencia, que sirve igualmente como modelo para contrastar las hipótesis del gobierno económico. En este sentido, así como el liberalismo de Smith era hijo de un naturalismo con ciertas trazas teológicas (el concepto de “mano invisible” pudo ser tomado de los discursos sobre la Providencia: la “manus gubernatoris” de Tomás de Aquino, p.ej.), el neoliberalismo es más bien una suerte de utopismo e idealismo paradójicamente siempre defendido en términos “realistas” (en el sentido de Maquiavelo) y pragmáticos. Por supuesto, subvencionar bancos no entra dentro del ideal neoliberal. Tampoco necesariamente apoyar golpes de estado, masacrar a miles de disidentes e imponer bajo dictadura militar los programas neoliberales, como hizo Pinochet respaldado por Friedman. Lo que sí que es definitorio es lo siguiente: el neoliberalismo como intervención enérgica y continuada en la preparación de un medio social donde puedan florecer los emprendedores. Claro que no hay emprendedor sin crédito, ni crédito sin deuda. ¿Decían que la socialdemocracia no era capaz de acabar con el acuciante problema del paro en los años 70 y 80? ¡Pues aquí tienen 5 millones y un montón de estados en bancarrota! Game over. Hayek ha sido tumbado por los hechos y por segunda vez, no obstante nos aseguran que la única solución es más de lo mismo pero aún peor (por eso tienen razón quienes gritan en las plazas que esta crisis es una estafa y un chantaje). Recordemos la primera vez que noquearon a Hayek. Fue cuando para salir de la crisis del 29 tuvo que acordarse un gran pacto con los movimientos disidentes (el New Deal) que nombraba vencedor a Keynes, quien para evitar males mayores volvería a salir “reelegido” tras la guerra. Los males nos sacuden otra vez, claro que no se puede volver para atrás y repetir la historia. Keynes no volverá. De ahí la necesidad de pensar de nuevo la economía. // En cuanto a la libertad. Es cierto, nadie nos exige ser emprendedores, funcionar como empresas, endeudarnos, etc. Los liberales nos dicen: ustedes son (agentes) libres (en la sociedad-empresa). Nos dan permiso para, si queremos, hipotecarnos o no acceder a la vivienda, hipotecarnos o no cursar estudios, y si así nos guía la rational choice vivir bajo un puente como los locos en los USA, vender nuestras vida en el mercado a cambio de una miseria, a saber, todo lo que nosotros mismos, por nosotros mismos, "deseemos". Un forma bonita de no asumir responsabilidades, eludiendo el hecho de que la economía es unta tecnología gubernamental y cuando un gobierno no funciona ha de dimitir o, de lo contrario, los damnificados tirarlo abajo.
13 November 11 at 11:52pm
6
Muy buenas. Respondo pues: //Sin duda que la economía (y más en sociedades tan complejas como la nuestra) es una tecnología de gobierno. La pregunta es en qué grado, hasta dónde tienen que meter la mano los gobiernos y qué van a dejar en manos de los propios individuos. Porque como decís, en la realidad no existen esos conceptos puros como el del libre mercado, pero sí que los gobiernos pueden fomentar el desarrollo de unos o de otros. Al igual que nunca existirá la libertad total u otros conceptos; el asunto es hacia dónde tendemos. Personalmente entiendo que el libre mercado es el más justo económicamente hablando porque considera a los individuos con capacidades y permite que éstos las pongan en práctica. Además de ser el que surge de forma espontánea y natural entre un grupo de individuos organizados en comunidad. Cuanto menos intervención más economía de mercado y viceversa. //Estoy en total desacuerdo en que el Liberalismo desvirtúa el verdadero valor de las cosas. El valor de las cosas lo marca la libre relación entre el vendedor y el comprador. No existe un abstracto “valor verdadero de las cosas”. Éstas valen lo que diga el acuerdo entre estos agentes. Si nos desviamos de este concepto empezaremos a dar nuestra opinión sobre lo que deben valer o no, empezará la intervención de los precios y de los distintos mercados. Todo lo que sea subvencionar a este o a aquel son prácticas que desvirtúan el valor de ese acuerdo. //Me gustaría haceros una pregunta: ¿Por qué se insiste tanto en llamar Neoliberalismo a algo que muy poco tiene que ver con las ideas liberales? Afirmáis que el Neoliberalismo es interventor cuando (que yo sepa) la idea liberal al respecto siempre ha sido contraria a las intervenciones del Estado (sobre todo intervenciones de este tipo). El Liberalismo siempre ha abogado por intentar reducir la cantidad de poder en manos de las autoridades gobernantes. Esta es, por si no se ha notado, la principal crítica que os hago: llamarle Neoliberalismo a algo que muy poco tiene que ver con el Liberalismo. A lo mejor por eso usáis el prefijo “neo”, para diferenciarlo e identificarlo con algo existente y conocido que hace más consciente contra lo que se lucha. A lo mejor deberíais acuñar una nueva denominación para este fenómeno que por otro lado tiene más que ver con las actuaciones de estados dictatoriales tipo la URSS. //Por otro lado creo que caéis en los errores de los que habla Poper en “La sociedad abierta y sus enemigos”. Una sociedad abierta y libre no es perfecta. Irremediablemente sufrirá distintos problemas y lo más fácil es caer en los miedos típicos del ser humano y buscar cobijo en la tribu o la comunidad. Y la historia nos ha demostrado repetidas veces que los caminos tomados para intentar resolver esos problemas por la vía de las colectivizaciones han provocado los distintos sistemas totalitarios del s.XX (nacionalsocialismo, fascismo italiano, comunismo, etc, todos tiene su origen en el viejo socialismo decimonónico). Sí, el Liberalismo opta por dejar libertad a los individuos para actuar dentro de unas reglas genéricas y de esta manera permite que estos se equivoquen. Si estos, por poner un ejemplo, no solo no ahorran nada de lo que obtienen de su trabajo, sino que se endeudan para varias generaciones, vosotros atribuís la culpa al Liberalismo y no a la mala gestión de ese conjunto de individuos. Es como el caso del referéndum (que expuse en el anterior comentario) o de la misma democracia. Si dudamos de la democracia por que la ciudadanía vota a un partido “X” que hunde el país, lo siguiente es eliminar la democracia. Es como la relación que hace en su comentario Marta F. Soldado entre ética y economía. En un estado de derecho la ética es una cuestión personal sobre la que no se puede legislar. //Por otro lado, creo que sí entra en los postulados liberales el luchar contra quien quiere instalar gobiernos dictatoriales con la excusa de un buscar “mundo más justo”, que en lo único en que desembocan es en dictaduras de la colectividad contar el individuo, como el caso que mencionas de Chile o el de España. Digamos que es incorrecto denominar como democracias lo que había anteriormente a esos golpes de estado (por ejemplo en España desde el 34 en adelante, se caminaba irremediablemente a una dictadura tutelada por la URSS). //He de deciros que si bien la respuesta me ha parecido interesante en cuanto a razonada y documentada, en el último párrafo hacéis afirmaciones demagógicas y especialmente peligrosas. Por ejemplo cuando decís que si no te hipotecas no puedes acceder a la vivienda. Deberías haber especificado vivienda en “propiedad” y creo que te olvidas del ahorro y del alquiler. Lo que si es cierto es que si quieres tener a los 25 años una vivienda en “propiedad”, no existen muchos otros recursos. En opinión de muchas personas de la edad de mis abuelos (en torno a los 80 años de edad) este es un gran recurso del que ya quisieran haber podido disponer. Ellos tuvieron que hacerse sus casas como la hormiga de la fábula, ahorrando año tras año y utilizando estos ahorros para ir completándola y mejorándola. Otro tanto con el tema de la educación y el trabajo. No quiero entrar en la que exhorta a los damnificados a tirar abajo al gobierno de turno (nunca mejor dicho lo de “de turno”) porque creo que para eso se están las elecciones, a no ser que tampoco creáis en ellas. //Cuando nombré el “laissez faire” fue por afirmaciones de este tipo. Hayek ya excluye del libre mercado asuntos como el de la educación entre otros, que se entienden como primordiales y que se deben poner al alcance de todos los individuos sin perjuicio de su estatus social o nivel económico. Por lo menos en Europa y España particularmente este tema está superado y si se siguen atribuyendo esas afirmaciones al Liberalismo a mi me hacen pensar en el viejo liberalismo decimonónico, bastante más extremista que el actual. //Para ir terminado me parece, como se dice hoy, muy fuerte acusar al liberalismo de los 5 millones de parados en una España regida por el un gobierno socialista que no ha tomado (salvo -tibias por impuestas- excepciones) ninguna medida liberal. //Por último me gustaría haceros una petición. Para hacer un poco más ilustrativa la afirmación sobre el problema de “…el notable desplazamiento de los conservadores hacia la extrema derecha…” ¿podríais poner algún ejemplo al respecto (en España especialmente)? //Un saludo.
14 November 11 at 10:58am
7
Sobre el auge de la extrema derecha véase nuestra tercera columna en El País. Un par de ejemplos en España del giro conservador a la extrema derecha: Citadans Per Catalunya y -como ya supongo que inturirías que te iba a contestar- los amplios sectores en la Iglesia o el PP a los que da voz Intereconomía. Después del 20N, con lo que se avecina, es de esperar que esta tendencia se agudice. // En cuanto a lo que del "neoliberalismo", como toda etiqueta sin duda es inexacta, pues resume múltiples corrientes. Sobretodo nos referimos a la línea que va de la Escuela Austríaca (Mises, Hayek) a la Escuela de Chicago (Friedman, Becker), pero dentro de ese conjunto de neoclasicismos estaría también el pionero ordoliberalismo alemán, por ejemplo (véase el brillante curso de Foucault "Nacimiento de la biopolítica"). // David, cuando defines el liberalismo y el socialismo pienso que te estás quedando en el siglo XIX. Realmente, criticas que confundamos liberalismo con laissez faire, pero no paras de hablar de tal cosa. El movimiento obrero del XIX y comienzos del XX y finalmente la crisis del 29 terminaron con esa idea de que el liberalismo es impedir la intervención estatal en la economía para asegurar la libertad del individuo. Hoy en día, nadie defiende tal cosa y ningún gobierno -más allá de la retórica- funciona con tales categorías. Ya te ofrecí argumentos en el anterior post y definí una de las diferencias entre viejos nuevos neoliberalismos a partir de la cita que transcribí de Friedman. No me repetiré. Cuando argumentamos que neoliberalismo es "interventor" empleamos la noción de modo provocador, pero en efecto supone una fuerte intervenciónm sólo que -como digo- muy distinta a la socialdemócrata (el PSOE hace tiempo que abandonó tales programas para abrazar los neoliberales). Por ejemplo, el neoliberalismo interviene en la legislación, en las políticas que gobiernan la milieu de los parados, de sus acciones posibles, elecciones racionales, condicionando su vida, sus prácticas y ritmos cotidianos. Si hay prestación por desempleo, ha de calcularse el monto para que nunca les salga bien vivir -como dicen ellos- "de la teta del estado". Si quieren cobrar la prestación han de fichar, deben demostrar que están buscando trabajo activamente, también han de entrar en la formación continua, han de transformar sus atributos conforme a un modelo que demanda sujetos adaptables, flexibiles, dinámicos y de variado "expertise". Claro que la prestación es algo con lo que hay que terminar. Ahora están interviniendo el estado para que este suplante el sistema de prestaciones por una especie de "hucha ahorro" o un plan privado que funcione para el paro de la misma manera que los seguros de de pensiones, de vida, etc. Según todos los neoliberales el mercado, sus instituciones, sus economistas, han de vigilar continuamente lo que el estado hace, dónde invierte, cómo gestiona las cosas, etc., etc., siendo la actual vigilancia y control de las agencias de rating y la intervención del FMI y el BM (imponiendo ajustes estructurales) nada más que el ejemplo más mediático. Las subvenciones y el gasto público también tienen su propia aplicación neoliberal: han de ir encaminado a producir una milieu en la que puedan proliferar los "emprendedores". La creación de emprendedores o la conversión de cualquier unidad social al funcionamiento de una empresa financiarizada, implica una creación de una "sociedad judicial" donde se multipliquen los juicios y pleiteantes. Todo ello son intervenciones. En teoría tales intervenciones no han de golpear en el mercado (salvo para deshacer monopolios) sino en lo estatal y en lo social, pero en cualquier caso son intervenciones. Y sostenemos que este tipo de intervención, de remodelación de lo social, de producción de sujetos, etc., está en el centro de la crisis actual (y por ende, de los 5 millones de parados). // Por último, creo que no me lees bien, y tampoco sé si te has leído los debates sobre el cálculo económico que protagonizaron Mises y Hayek. Nadie dice ya que haya un valor real de las cosas, coma una especie de valor de uso natural por debajo de la arbitrariedad del valor de cambio. Lo que decían los neoliberales es que en las economías planificadas la subjetividad del planificador impedía un cálculo veraz (de lo que las cosas valen para la gente) que sólo es posible si existe un libre mercado (donde productores y consumidores libres estipulen el valor en el juego de la oferta y la demanda). Pues bien, decíamos que el liberalismo laissez faire hace casi un siglo que desapareció derrotado, y que ahora el neoliberalismo está en bancarrota, entre otras cosas, por esta cuestión: su imposibilidad de cálculo, y por tanto de extraer de su racionalidad una verdad de mercado que permita el gobierno económico // Última cosa, cuando hablas del socialismo parece que te quedas antes de los sesentas, y con toda esa propaganda postbélica que sostenía que, en el fondo, sólo había dos posibilidades: o (nuevos)liberalismos o totalitarimos (o caminos tendentes a éste). Si queremos quedarnos en lo vetusto, habrá que recordar que casi ninguna de las libertades políticas las consiguió el liberalismo. El sufragio universal, los derechos relativos al trabajo, etc., se debieron antes que nada a los movimientos de los obreros y las feministas. En cualquier caso, estamos en el siglo XXI y no cuela la retórica a lo Esperanza Aguirre, quien en un alarde de ignorancia supina e incapacidad para renovar su repertorio político más allá de los tópicos de la "guerra fría", interpretó el #15 como una especie de "road to serfdom" hayekiana, al decir: "así es como todos los totalitarismos comienzan, cuestionando la democracia". // No existe "la" democracia. Lo que está claro es que la democracia liberal actual, que mezcla razones neoliberales con el viejo modelo de "equilibrio de élites" a lo Schumpeter, se ha quedado demasiado estrecha... Nuestra tesis es que era necesario pensar la economía. Pensar significa crear nuevos conceptos y razones. También hay que pensar de nuevo la política.