Capitulo I

1.3. DEL SER EN-TODAS-PARTES. EL TABLERO DE JUEGO

[Versión 0.1]

Proposición segunda. La revolución democrática que el micelio político ha intentado llevar a la práctica a lo largo de las últimas dos décadas ―digamos desde la insurrección zapatista en el 1994 hasta las revoluciones en curso, pasando por el movimiento alterglobal o la insubordinación y remodelación formal-constitucional de Islandia― se mueve entre unos mínimos y máximos estratégicos y un régimen de bocanadas de aire, ambos supeditados a la temporalidad climática que le es propia. La graduación entre máximos y mínimos está en correlación con el tamaño y la densidad de proliferación que en un momento dado haya logrado la maraña disidente. Este cálculo de posibilidades con vistas a la victoria, tiene en cuenta los requisitos estratégicos de una dimensión que solemos entender como meramente espacial, aquello que llamamos “lo global”, pero que realmente define una ontología planetaria, también una ecología política, resultado de las transformaciones ocurridas en los modos de vida. Queremos enfatizar lo siguiente: el micelio político existe para vencer globalmente, la suya es una política revolucionaria. Pero “vencer” y “revolución” son otros dos conceptos que con el advenimiento de este animal político adquieren significados nuevos.

 

16. Los tiempos del micelio político no desesperan. El micelio viene de cualquiera, pero no por un simple anonimato. El movimiento de los indignados comenzó en las plazas. Ahí se dio el primer y más elemental agenciamiento. Para cumplir el deber de tener un cuerpo se enchufaba un micrófono a un altavoz y cualquiera tomada la palabra. No para hablar de cualquiera o en nombre de cualquiera, sino para presentarse a sí mismo, contar su propia vida, sus cosas, y no obstante tantos otros cualquiera, escuchando y guardando su turno, se sentían interpelados aun sin poder identificarse con el nombre de quien les hablaba, con su rostro, su voz y el conjunto de vivencias tan singulares. Ni anonimato ni narcisismo, ni socialismo ni individualismo. Lo que los hacía llegar hasta las plazas era una mezcla de rostros donde lo familiar y lo extraño se renegociaban constantemente. El perfil customizado, la red de amigos abierta, el espacio familiar atravesado por series en constante cambio, una y otra vez se reinician en este o aquel evento, con aquel hashtag a partir del amigo del amigo del amigo, etcétera, o con el seguidor del que sigue al que sigue, etcétera. Este enredo de conexiones procede con la lógica del “y… y…” de los esquejes vegetales. Uno, la policía, el estado, puede cortar la serie, pero la multiplicidad en la que se organiza hace brotar del tallo otras raíces en cualquier lugar. Los rizomas que rellenaban las plazas hasta desbordarlas por los barrios, habían llegado hasta allí gracias a su virtual capacidad de conectar cualquier punto con cualquier otro. Pero, extraer del subsuelo una expresión política que se reproduzca aéreamente hasta los cielos, no es tan sencillo. Una vez fuera, traspasado el umbral del subsuelo, los que ven el mundo como los hongos se enfrentan a la mayor de las iras de los gigantes, que sólo tienen ojos para la vertical arbórea de sus edificios gubernamentales y financieros, oídos para los tintineantes círculos dorados de las monedas (ver capítulo IV).

17. Pregunta: ¿cómo germinar y hacer brotar un movimiento político en rizoma? Rápida ojeada al archivo empolvado. De las cosechas de odio blanquistas y las posteriores estrategias insurreccionales, no parece factible recolectar otra cosa que resentimiento; hacer que se estremezca hasta tal punto lo social que la población explote angustiada resulta demasiado peligroso. Tampoco sirve de nada el temeroso remedio de quienes, como Bernstein, privilegiaban las más moderadas y reconciliadoras vías representativas. Si la política del micelio es paciente es porque quiere extenderse por doquier. Sabe que las reglas del juego han cambiado. Se acabó el modelo organizativo donde el Uno subsumía y daba sentido a las partes, como la vanguardia que organizaba a los muchos para hacerlos corresponder con las exigencias del momento histórico que sólo ella conocía. La falta de legitimidad de los partidos políticos corrobora esto mismo. ¡Qué difícil resulta convencer a los súbditos de que la democracia y el poder representativo puedan ser lo mismo! El soberano que enladrilla su edificio con las vidas de los muchos, el partido como receptáculo de las partes que unifica, la organización de masas liderada por la mente pensante, la totalidad que prima y reduce hasta la indiferenciación a las partes, ¡qué anacrónico suena todo esto! Hay que decir: en el micelio todo viene de otra parte, de cualquier parte, pero los filamentos que la componen aspiran a ser políticamente en todas partes.

18. La economía just in time favorece las customizaciones, productos cada vez más singularizados y modulables por los consumidores. La política globalizada yuxtapone sobre un mismo territorio múltiples soberanías, graduadas por variadas competencias y circunspecciones, diferentes normativas que a menudo entran en conflicto, numerosos sujetos políticos que fraccionan lo que a la manera republicana se pretendía el espacio uniforme y universal de la ciudadanía[1]. En esta flexibilización, diferenciación creciente y adaptabilidad de las mercancías de todo tipo, los propios partidos políticos se han convertido en productos y empresas postfordistas: siguen siendo tan estúpidos como siempre lo habían sido, pero ahora prestan mucho más atención a los vaivenes de la opinión y la recomposición caleidoscópica de las formas de vida. A la pluralización interactiva de la vida responde la pluralización interactiva del poder y la resistencia. El mundo visto desde los hongos, la epistemología fungi, la carnavalización del pensamiento, nuestras estrategias discursivas se esfuerzan en sintonizar con la razón de lo que en un contexto tal pueda entenderse como una política disidente. Hoy los movimientos hacen rizoma o micelio con el fin de armar una diversidad que persiste heterogénea. Frente a la tradición blanquista, el micelio desea extenderse pacientemente por doquier, pero no como quiso hacerlo Berstein: no por representación en la esfera del Uno y lo mismo, sino multiplicando las conexiones. Extensión por contagio, por transmisión vírica de carga genética; como la orquídea, la avispa y el hongo: el deber de crear con otros heterogéneos un cuerpo impuro, así como se forma la estructura micorriza. La política del micelio tampoco se contenta con la moderación reconciliadora a la espera de tiempos mejores propuesta por Bernstein. Al igual que los blanquistas, no acepta ninguna etapa intermedia que establezca fines y medios de distinta naturaleza, pero busca la manera de vencer aquí-y-ahora eludiendo la guerra civil. La acción plástica por la que se constituyen los cuerpos no es un medio sino un fin sin fin que carece de teleología, tampoco metas. Su política no es utópica sino heterotópica (ver capítulo IV).

19. A la guerra civil el micelio opone el amor-entre-especies. A la circunvalación representativa, la multiplicación de conexiones de los cualquiera. Los cualquiera vienen siempre de otra parte, de otra localización, pero se inscriben en la globalidad del ser-en-todas-partes. De modo ontológico, cualquiera ya es, cualquiera ya está, cualquiera es ya un ser-en-todas-partes. Éste es el significado antropológico del término “globalización”. Esto es lo que cada vez se ha vuelto más evidente según hemos ido profundizando el calado del Antropoceno, es decir, la antropologización técnica del mundo, o dicho de otra manera: la situación en la cual el ser humano se comporta en el sistema planetario como uno de los más grandes actores físicos.

20. Por primera vez en la historia viven más humanos en entornos urbanos que rurales, pero tampoco se vive ya en ciudades sino dentro de inmensas regiones metropolitanas, albergue de enclaves más o menos centrales o periféricos, ensamblados por flujos de todo tipo que dan lugar a “colosales bancos de hombres equipotentes a los océanos, a los desiertos o a los casquetes glaciares”[2]. Estos magmáticos lagos humanos vuelven ridículos los viejos sentimientos individuales del yo, o las representaciones nacionales del nosotros. Sustraídos hacia los cielos de noche, observando desde el espacio exterior advertimos como una inmensa maraña de micelio amarillento y fluorescente ha colonizado el planeta. Tiempo atrás, de las obras humanas no podría discernirse más que el perfil de la muralla china. Ahora, nuestros satélites retratan, sin dificultad, el espectáculo mundial que da cita a millones de hilos y nudos de mayor o menor tamaño e intensidad lumínica. Una gran red de estrellas toma toda Europa, especialmente nutrida en el Oeste, pero que se extiende hasta Turquía e Israel. La maraña se estrecha y se difumina según nos adentramos en las estepas rusas y se desvanece poco antes de llegar a Siberia. Gotea por el Nilo hacia abajo y salpica la península Arábica. Recorta el espacio donde viven más de mil millones de indios. Hace brillar el Sudeste asiático y la costa china donde lucen como tres soles Shangái, Pekín y Hong Kong; y en frente se disponen Taiwan y Japón, dos bombillas de alto consumo en forma de isla. Luego está el continente americano, iluminado de manera tan asimétrica. Un mundo de luces y sombras. Paradójico. África, aquella masa de tierra que en los orígenes fue el vientre de la humanidad y también su corazón, sigue bombeando materias primas así como en los comienzos repartió a los sapiens sapiens en todas direcciones, y sin embargo ahora como entonces permanece casi entera en penumbra. Claro que, también allí, la vida es metropolitana, atrapada como está por los circuitos globales, administrada por todo tipo de agencias y organizaciones transnacionales desplegadas sobre el terreno.

21. Tal sería el tablero que disponemos para calcular la victoria y lo que está en juego, los requisitos y las condiciones, los a priori históricos de la política que determina nuestra animalidad en-todas-partes, una experiencia vital tan distinta a las de antaño. Podría ser presentada la evolución de esta especie faber y sapies a la manera de la fenomenología, contrastadas distintas regionalizaciones de la visión, según la sucesión más o menos cronológica de algunos de sus modos de vida: “El campesino, con la espalda curvada, vivía del surco y no veía nada más; el salvaje sólo veía su claro del bosque o los senderos que atraviesan la masa forestal; el montañés, su valle, cubierto por los pastos de la montaña; el burgués, la plaza pública, observada desde su piso; el piloto de aviación, una porción del Atlántico… Pero de pronto, surge una bola difusa rodeada de turbulencias: el Planeta-Tierra tal y como lo fotografían los satélites”[3]. Por tanto, una visión de astronauta, una mirada global.

22. Desde el comienzo del #15M quedó claro que plantear la lucha en términos nacionales era darla por perdida. Era necesario combatir la crisis a nivel europeo, pero todavía insuficiente. No cabe duda de que nos enfrentamos a un reto global, pero que esto deba ser así, que la lucha y los movimientos tengan que jugar globalmente, es algo que sólo ha adquirido el estatus de la evidencia muy recientemente. Ocurrió por los mismos años en que una guerrilla en la selva Lacandona comprendió que ante el desarrollo armamentístico, los pobres han de construir armas con versos y cargarlas con sueños. Hicieron circular su poesía por los flujos de bits y rápidamente se insertaron en las redes de activistas, de observadores transnacionales y brigadistas globales, desde un primer momento condición sine que non dela victoria, y de su propia supervivencia. Ahora bien, no hay que confundir la globalización de las luchas con el internacionalismo. Goldman Sachs, por más que tenga franquicias repartidas por varios países y trabajadores de nacionalidades varias, no es algo entre-naciones, internacional, sino una institución global con asiento en los Estados Unidos, tan global como lo son las finanzas que vigila y sanciona. Los lagos y ríos de magma que dan cuerpo al ser-en-todas-partes traspasan con mucho las fronteras, de tal suerte que la división en naciones, por más que se proponga como solidaridad entre-naciones o entre sus pueblos, resulta en exceso opresora. Así, los zapatistas debían yuxtaponer múltiples identidades, con vistas a la victoria, pero no menos para aflojar la estrechez de cualquiera de ellas: ahora son patriotas mexicanos, pero del México silenciado; ahora, los indígenas anteriores a todo estado, parte de un movimiento que en las últimas dos décadas ha eclosionado ha nivel planetario; también son los de “abajo y a la izquierda”, comparando explícitamente su lucha con la de los gays en San Francisco, los anarquistas en España o los negros en Sudáfrica; y devienen otra vez la alteridad mexicana, pero que está en-todas-partes: en cada gran ciudad bien podría ser “El Otro México” el nombre de alguno de sus barrios o ghettos.

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[1] Véase a este respecto, A. Ong. 2006. Neoliberalism as Exception. Mutations in Citizenship and Sovereingty. Durham, Duke University Press.

[2] M. Serres. 2004. El contrato natural. Valencia, Pre-Textos, p. 34.

[3] Serres, ibidem, p.196

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