La singularidad histórica del movimiento global (Antón Fernández de Rota)

Sábado, enero 17th, 2009 | >> All, Antón Fdez. de Rota

“Se ha defendido aquí que la política expresiva de la multitud global reconfigura la posibilidad de la democracia más allá del fin de la historia, pero también más allá del dispositivo conversor de la sociedad civil. Y así, más allá de los términos de la sociedad civil, más allá de su reconfiguración y su crisis, la pregunta que parece instaurar el movimiento global como singularidad histórica no puede ser ya desoída ni por los analistas sociales y ni por sus propios activistas: ¿Cómo reinventar la democracia en términos de multitud, movimiento y expresión más allá de las formas modernas de reductio ad unum en la representación? ¿Cómo pensar las relaciones partido/movimiento entonces? Y, más aún, ¿cómo podría ser una democracia de la multitud, esto es, una democracia expresada sin la mediación del dispositivo civil? He aquí el desafío nada “simbólico” que se alza más allá de la teoría de los Nuevos Movimientos Sociales.”

 

LA SINGULARIDAD HISTÓRICA DEL MOVIMIENTO GLOBAL.

 

 

Antón Fernández de Rota.

anton@invisibel.net

Universidade Invisíbel

www.invisibel.net

 

 

 

 

 

“I am interested in people, and I think we find ourselves in really interesting circumstances right now. At the end of the day, I am really drawn to good stories and the circumstances in both of these happen to be very socially relevant right now. But it is not an agenda of mine. It is not something that I really seek out, but it is always nice when you can do something that you really believe in and know that is going to be a part of your legacy”.

Charlize Theron[1]

 

 

 



INTRODUCCIÓN: MITOS DE ORIGEN Y NARRATIVA ÉPICA.

 

A finales del 2008 llegó a los cines peninsulares la película Battle in Seattle, una producción canadiense elaborada con un presupuesto de 10 millones de dólares, dirigida por el cineasta irlandés Stuart Townsend y protagonizada entre otros por las Hollywood stars Charlize Theron y Woody Harrelson. La batalla de Seattle del 1999, aquella de la cual habla el film, marcó sin duda el pistoletazo de salida mediático de aquello que los periodistas etiquetaron como el “movimiento antiglobalización”. Aunque el objetivo de Townsend era documentar este evento de un modo polifónico (incluyendo la voz de los activistas, los periodistas, los policías), puede leerse esta película como una conmemoración y un llamamiento a expandir, desde una determinada posición “activista”, aquello que desde distintos sectores ha sido denominado el “espíritu de Seattle”.[2]

 

El texto con el que termina Battle in Seattle no deja lugar a dudas sobre tal posicionamiento y carácter. Tras denunciar durante el film el funcionamiento anti-democrático de la Organización Mundial del Comercio (OMC, WTO en inglés) y tras enfatizar la relevancia de la protesta de Seattle, Townsead escribe en las pantallas, en compañía de una amplia variedad de imágenes tomadas de distintas movilizaciones, el siguiente texto:

 

“[After Seattle] Two mile exclusión zones would become normal at internacional meeting like the WTO and G8 summits, further restricting peoples to dissent. 2001, Doha, Qatar: The WTO recognices that access to essential medicines should have primacy over commercial interests. The WTO also agrees in Doha that they would adress the needs of poorer countries. Cancun, 2003: Developing countries walk out after it becomes clear that the real agenda is to expand the WTO failed model. Lee Hyung Kae, leader of the Korean Federation of Advanced Farmers Association, sacrifes himself in protest. 2003: As the WTO floods local markets with imports, 40.000 indians commit suicide to scape their debt.  2003: Over 36 million people across the globe in the largest protest in history against war in Iraq. By 2007, little progress has been made concerning the WTO promises at Doha, including access to essential medices. Poor contries trade concerns have still not been adressed. Millions of U.S. jobs are offshored, wages decline, and tainted food imports soar. But that has not stopped people from trying to make another world possible. Washington D.C., Genoa, Switzerland, Ecuador, Miami, India, South Korea, Philippines, Honduras, Hong Kong. Everywhere. The Battle continues”.

 

En esta narración la enumeración de los distintos eventos subvierte cierto lugar común de muchos científicos sociales que se han acercado al problema del movimiento antiglobalización. A menudo, se ha definido dicho movimiento en virtud de una serie de formas políticas, formas de acción y organización, ciertos imaginarios colectivos y un programa político de mínimos. La película comparte con este lugar común una serie de elementos con los cuales se ha construido lo que, utilizando un léxico etnográfico e histórico-literario, podríamos llamar el mito de origen y la narración épica de la antiglobalización. El film de Townsend se sitúa en uno de los acontecimientos (event) capitales a la hora de dar sentido a la línea de fuga que traza dicho movimiento; o al menos esto es así para lo referido a “Occidente”. La cuestión de los números, los 50.000 activistas en Seattle, su victoria al lograr cancelar la cumbre de la OMC, la consecuente declaración del Estado de Excepción en el downtown de Seattle, la espectacular violencia performativa con la cual el Black Block pretendía “romper el discurso” hegemónico,[3] el colorido que tiñó las movilizaciones, sus innovaciones organizativas (organización en red con nuevas tecnologías) y sus experimentaciones en el campo de la estrategia (acciones multitudinarias descentralizadas o swarming), son algunos de los ingredientes del mito de origen encorporeizado en Seattle. Otro elemento fundamental está recogido en el film, justo en el momento en que los ecologistas y los sindicalistas se dan la mano, y sus actos, que deberían de haber derivado por distintos espacios, se entrecruzan cuando cientos de militantes sindicales de base deciden participar en las movilizaciones del downtown junto al resto de redes.

 

 

Los mitos de origen de un nuevo estrato.

 

Existe una consigna de Seattle que ha circulado de país en país, de análisis en análisis, y que dice: “Turtles and Teamsters: Together at Last”. La fórmula ha de entenderse en su especificidad para los contextos norteamericanos, pero cambiando los referentes bien puede traducirse a muy distintos espacios. Bajo el símbolo de las tortugas y los camioneros son representadas dos familias de movimientos: los movimientos verdes y el movimiento obrero. La fórmula “together at last” marca el fin del tiempo que desde las Ciencias Sociales ha sido identificado con la hegemonía de las llamadas “políticas de la identidad” y la imprecisa locución “nuevos movimientos sociales” (NMS). El “togheter at last” marca la creación de un nuevo posible situado en el interior de la crisis de la representación y que no obstante insinúa la promesa de excederla.[4] Hablamos de un estrato genealógico inmediatamente posterior a las grandes revueltas de la Nueva Izquierda. Tras las revoluciones de los años sesenta y setenta (el 1968 y 1977 datarían aquí los acontecimientos capitales), se inicia lo que ciertos autores han denominado el “invierno de los movimientos sociales”. Tras la emergencia de los años 60/70 se produce una invernación donde las nuevas subjetividades son diseccionadas y fragmentadas según criterios identitarios. Las teorías de la política de la identidad y de los NMS recogían este carácter fragmentario y reproducían la fragmentación incomunicante en sus esquemas analíticos, con los cuales se trazaba nítidas barreras categoriales entre los distintos segmentos (movimiento pacifista, feminista, sindical, ecologista, gay, etc.).

 

Para el mundo anglosajón la referencia a la transversalización de lo verde y lo obrero marca todo un hito en la política de movimiento: la creación de un escenario en el que al fin es posible la traducción y articulación de unas luchas que hasta entonces, durante el periodo del “invierno de los movimientos sociales”, difícilmente lograban comunicarse. Así pues, si en el “togheter at last” se insinúa el fin y el comienzo de un nuevo estrato en la genealogía de la política de movimiento, también ilustra un ingrediente capital en el mito de origen que conforma aquel objeto analítico que hasta ahora hemos denominado “movimiento antiglobalización”, esto es: su carácter múltiple, la imposibilidad de reducir su multiplicidad a una instancia de representación (discursiva, organizativa) de carácter unitario, sus novedosas formas de articulación y transversalización. En definitiva, una recombinación dinámica de los fragmentos a la cual se alude a menudo cuando es descrito como un “movimiento de movimientos”. Todos estos elementos mencionados señalan un parentesco cercano entre esa reinvención movimentista de la Nueva Izquierda y su contra-cultura de los años 60 y 70, discernible en sus rasgos comunes: tendencia hacia formas organizativas horizontales, multiplicidad compositiva del movimiento, rechazo de las vanguardias, prácticas performativas y prefigurativas, articulación horizontal de múltiples temáticas de lucha y valorización de la política que se enfocada hacia la transformación de la vida cotidiana. Por fin, en el despliegue de la línea genealógica que va desde el 1968 hasta el 1999, la reinvención de la política de movimiento da al traste con la capacidad analítica y el posicionamiento político en el que se escribían las teorías de las políticas de la identidad y los NMS, y que no eran sino la reescritura de la historia de la política de movimiento desde un punto de vista derrotista (por mucho que se hable de “nuevos desafíos simbólicos”), también encorsetante (en identidades sólidas) y dispersadora (en fragmentos reterritorializados).

 

 

La narración épica.

 

Si en Battle in Seattle se recogen los elementos capitales del mito origen occidental del movimiento antiglobalización, la voluntad del director es también la de reescribir el proceso dentro de una narración inacabada de corte épico (“the Battle continues”). El texto con el que termina el film de Townsend reproduce los distintos elementos que enhebran la narración épica del movimiento. Ésta se plasma en la enumeración narrativa de un conjunto de batallas que ahora reclaman el estatuto de lo histórico: Batalla de Seattle, de Praga, de Génova, de Cancún, de Hong Kong, etc. Si clasifico esta enumeración en términos narrativos es porque se aleja sustancialmente de la forma histórica de los anales. Según Hayden White, la diferencia entre la narración histórica y los anales es que mientras la narración incluye una serie de eventos y personajes dentro de una trama temporal enhebrada con una lógica, una temática y un desarrollo, los anales se limitan a registrar cronológicamente una serie de acontecimientos en bruto sin necesidad de trazar con ellos un relato.[5] La narrativa épica de la antiglobalización se engarza íntimamente con los elementos ubicados en el mito de origen. Con ellos se relata la proliferación y el devenir de una política de movimiento que encuentra su lugar común en su rechazo al neoliberalismo, en su focalización de los distintos nodos imperiales transnacionales (empresas y organismos transnacionales) en tanto que elementos claves del antagonismo contemporáneo, también en su voluntad de reinventar la geopolítica y el imaginario del movimiento dentro de una nueva escala espacial global a través de formas precisas de organización y puesta en escena (swarming, network politics), que más adelante discutiremos.

 

 

Un pequeño salto en  transversal.

 

La intención del presente texto será la de registrar esta narrativa épica y cartografiar los elementos que conforman aquello que ha venido a llamarse “movimiento antiglobalización”. Pero aquí la narración ha de dar un salto fuera de los lugares comunes para llegar hasta otras perspectivas de análisis más complejas. El lugar común del film, y de no pocos científicos sociales, construye su acuerdo a partir de la iluminación de ciertas formas de acción (contra-cumbres y campañas transnacionales contra las corporaciones) que son encorporizadas en una serie de sujetos colectivos identificados como representativos de este movimiento (People´s Global Action, ATTAC, el difuso “Black Block”, Vía Campesina, Tute Bianchi, etc.). Si bien de esta manera el objeto de estudio parece encontrar unos límites discernibles, tal objetivización deja en la penumbra, excluye del análisis y no acierta a repensar las relaciones íntimas que se dan entre tales expresiones y otras que han acontecido de manera transversal. Más allá de esta limitación, buscando la compleja trama de relaciones, la hipótesis que deseo esbozar y discutir es la siguiente: los elementos diagnosticados en el mito de origen son compartidos por otras muchas expresiones antagonistas contemporáneas, que se desarrollan en relación co-constituyente, y que insinúan una serie de relaciones estructurales más amplias y con ello la emergencia de una nueva forma de política de movimiento que desborda, en fin, los esquemas políticos de la modernidad política Occidental.

 

Es por esta razón que este conjunto de haces co-constituyentes han de entenderse en un contexto histórico de amplio alcance; siempre dentro de la genealogía de las formas de poder y de resistencia. Considero que desde esta perspectiva se vuelve inteligible el carácter subversivo del desliz en la enumeración de acontecimientos con los que termina el film de Townsend. Aunque el relato de Battle in Seattle se trate de una reproducción típica del mito de origen y de la narración épica de lo que convencionalmente se ha definido como la “anti-globalización”, cuando en su enumeración se introduce la manifestación global del 15 de febrero de 2003 contra la guerra en Iraq el discurso da un salto que lo trastoca todo. El lugar común tiembla. ¿Qué tiene que ver ese acontecimiento con el resto de contra-cumbres mencionadas? ¿Cómo modifica esta intrusión la definición del objeto de estudio? La objetivización típica que hasta entonces estaba reproduciendo Townsend se estremece por completo.

 

Para hallar una respuesta a esta serie de interrogantes puede ser especialmente útil ahondar un poco más en el mito de origen. Si bien la Batalla de Seattle ocupa ahí un lugar privilegiado, debemos de reconocer que no es el único. También existe un acuerdo muy generalizado, tanto entre los científicos sociales como entre los activistas, a la hora de incluir dentro del mito fundacional la insurrección zapatista de Chiapas, del 1 de enero del 1994, contra los acuerdos de libre comercio neoliberales. Ahí volvemos a observar los distintos ingredientes: un movimiento poético-político contra el neoliberalismo, prefigurativo y performativo, irreductible a la unidad, múltiple y ajeno a las políticas de la representación clásicas, que en este caso re-configura las prácticas guerrilleras dentro una serie de relaciones horizontales articuladas en red y con las nuevas tecnologías digitales, y cuya corporalidad y nervio óptico prefigura esa sensibilidad expresada en el slogan ampliamente difundido, si bien constantemente redefinido, del “piensa global, actúa local”. Por otra parte, en lo que atañe a la composición subjetiva del movimiento, un texto largamente citado de la Comandancia del EZLN puede servir parcialmente como resumen de esta composición al definir el pasamontañas zapatista como un espejo donde se reflejan, sin perder su singularidad, las múltiples caras de la resistencia: “Marcos es Gay en San Francisco, negro en Sudáfrica… Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros.”, etc.[6]

 

Incluir al EZLN dentro de la narrativa del objeto de estudio nos exige ampliar notoriamente nuestra mirada, pues el hecho de añadir este elemento en el concepto que objetiviza la realidad estudiada, convierte en necesario el incorporar otra serie de experiencias más, tales como el movimiento aymará boliviano o el movimiento piquetero y asamblearista argentino, que se han desarrollado transversalmente, compartiendo recursos, discursos y formas políticas, y que a comienzos del siglo XXI han trastocado la geopolítica global de un continente entero (y sus relaciones multilaterales). Mi intención será hacer lo propio, problematizar el objeto de estudio, dialogar con él, con su narrativa épica y los elementos de sus mitos fundacionales, para lo que atañe al contexto gallego y europeo, definidos ambos en tanto que enclaves de estructuras de oportunidad política. Pero sobretodo, mi interés se centrará en precisar una serie de reflexiones acerca de la política de movimiento más allá de las teorías de las políticas de la identidad y los NMS. Para poder hilvanar estas reflexiones será necesario recurrir a más amplios itinerarios genealógicos, debatiendo las formas modernas de la representación política y la  genealogía de la sociedad civil, experimentando también, en este ejercicio de reflexión sobre lo contemporáneo, [7] con nuevas conceptos políticos, diseñados ad hoc, y que no obstante deben de ser testeados una y otra vez, recursivamente, en el medio de las distintas luchas.

 

Dado este giro conceptual terminaré por prescindir del nombre periodístico “movimiento antiglobalización” y resumiré con la interpelación “movimiento global de la multitud” el constructo más complejo que deseo evocar, y que en un mismo sentido y desde una posición epistemológica similar ya ha sido utilizado por otros.[8] Comienzo, no obstante, del modo más clásico: desarrollando aquello a lo que me he referido como el lugar común de los análisis sobre lo “antiglobalización” o lo “alterglobalización”.[9] Por razones que serán explicadas, me remitiré a este lugar común con el nombre un tanto enigmático de la marca. Será pensando en la marca y su alternativa que engarzo a continuación una narración en dos tiempos.

 

 

TIEMPO 1 DE LA NARRACIÓN. PREPARANDO SEATTLE.

 

Ni el 1 de enero del 1994 fue el inicio del zapatismo, ni tampoco la Batalla de Seattle significó el comienzo del movimiento anti-globalización, de las campañas globales contra las empresas transnacionales o del modelo de las contra-cumbres que caracterizarían el objeto de la marca. Entre la creación del EZLN y su levantamiento del 1994 transcurrió más de una década de éxodo constituyente, un trabajo movimentístico subrepticio de transformación de las subjetividades chiapecas y de organización, realizada en paralelo al auge de toda una constelación de movimientos indigenistas americanos que finalmente eclosionaron en la primera mitad de los años noventa. De la misma manera, la Batalla de Seattle debe entenderse como el estallido mediático y el acontecimiento exponencialmente multiplicador de un proceso de agregación y transformación subjetiva que no obstante venía de atrás. Así, aunque muchas redes se crearon para la ocasión (por ejemplo la Direct Action Network o el Indymedia), durante los años precedentes se habían constituido ya muchas de las redes y coaliciones que poblarían las distintas contra-cumbres (el movimiento Vía Campesina, por ejemplo, data del 1993). El propio Foro Social Mundial encuentra su precedente, en tanto que foro ligado a las contra-cumbres, en el llamado Foro Global del 1992, organizado con motivo de la Cumbre de Río promovida por la ONU. Por otra parte, durante los años 90 ya se habían organizado numerosas campañas globales, contra McDonald´s y su destrucción de la Amazonía, contra la petrolera Shell y su exterminio de los Ogoni nigerianos, o contra Nike y su explotación en las maquilas, todas ellas siguiendo la estela de la pionera campaña global contra Nestle de los años 70. Las protestas durante las cumbres de las organizaciones transnacionales y los acuerdos económicos neoliberales también tenían sus precedentes. Unos meses antes de Seattle se realizó una manifestación multisituada de carácter global, convocada bajo el nombre “The Global Carnival Against Capital”, que se inspiraba, además de en las expresiones generalizadas en los años 60, en las formas organizativas de la contra-cumbre del G8 en Birmingham (1992). De algún un modo, este carnaval de protesta multisituado antecedería también la forma del 15-F contra la guerra en Iraq (ambas, manifestación globales y sincronizadas a través de las nuevas tecnologías digitales).

 

El carácter carnavalesco y performativo, la composición múltiple y el discurso cacofónico, la experimentación organizativa con la forma/red y las nuevas tecnologías digitales, la perspectiva global de las proclamas y la focalización en las organizaciones transnacionales, rasgos todos ellos que definen la marca “movimiento anti-globalización” formaban parte ya de todas estas experiencias pioneras. De hecho, es posible sondear los rastros genealógicos del modelo aún más atrás; para lo que concierne a Europa cuando menos hasta la contra-cumbre realizada en el 1988 en Berlín con motivo de la Asamblea General del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.[10] Y en lo que se refiere a otro de los componentes fundamentales de las networking politics del movimiento, esto es su activismo digital, marcará un hito la campaña contra el Acuerdo Multilateral de Inversiones del 1997 y 1998.[11]  Tal campaña iluminará una cuestión que será central para el movimiento: la de la articulación del activismo físico con el virtual, y la de la utilización de la Red para crear organización y difundir información por canales alternativos a los mass media.[12]

 

El Independent Media Center (Indymedia), ensamblado con motivo de la contra-cumbre de Seattle, puede encarnar eficazmente esta última problemática y la respuesta adoptada. Indymedia populariza el slogan “don´t hate the media, become the media”. Su lógica ejemplifica fidedignamente la lógica de buena parte del movimiento. Se trata de un medio de comunicación multitudinario y descentralizado, de alcance global, que utilizando el software libre ofrece a todo activista la posibilidad de convertirse por sí mismo en periodista, gracias a su sistema de publicación abierta. Esta es la misma lógica que el movimiento asume en relación a lo que con Guy Debord podríamos llamar la “sociedad del espectáculo”.[13] Es común entre los activistas el señalar los mass medias como uno de los principales aparatos de control social y sujeción política. Frente a su modelo espectacular, los activistas ponen en marcha un espectáculo transparente y participativo, un contra-espectáculo,[14] con el que se contamina los mass media, reforzando poéticamente el discurso con el que impregnan las pantallas y las retinas.[15] El mismo ideal de transparencia, participación y antagonismo del contra-espectáculo es promulgado por el Indymedia. Se trata éste de  un “centro” de medias y un movimiento que ya no es representativo, que ya no busca una representación unitaria (bajo una bandera ideológica, bajo un sujeto unitario como el proletariado), sino un movimiento rizomático,[16] es decir expresivo y proliferante, donde las multiplicidades perseveran como tales en su actuación conjunta, golpeando a la vez pero manteniendo cada segmento su singularidad discursiva y estratégica. Este ideal se corresponde con la actuación y la forma general del movimiento. Estos rasgos son también los que constituyen el nuevo sujeto político que Negri y Hardt han denominado la multitud, una forma y subjetividad que subvierte el principio uniforme de las masas.[17] Desde esta perspectiva, Indymedia y el swarming de los contra-espectáculos durante las movilizaciones ejemplifican la diferencia entre las políticas comunicativas de la multitud y las de los medios de masas, y también sirve para expresar el paso genealógico desde los movimientos de masas a los movimientos de la multitud.

 

Antes mencioné como una característica del movimiento, que va de la mano de su puesta en escena performativa (tomada de la guerrilla de la comunicación callejera de los años 60: performances, happening, desviaciones simbólicas), su carácter prefigurativo. Con esta adjetivo que tomo de los análisis del antropólogo David Graeber, me refiero a su modo directamente experimental e innovador. Según Graeber, a través de sus maneras procedimentales (asambleas y decisión descentralizada en red), sus prácticas recombinantes (de los distintos fragmentos) y sus formas organizativas (en redes que deben tender hacia la horizontalidad), los activistas experimentan, innovan y prefiguran nuevas formas de democracia. Este carácter prefigurativo se expresa a través de una política dual. En palabras de Jeffrey Juris: “contemporary social movements involve a dual politics, constituting tactical infraestructuras for interventing within dominant political spheres while simultaneously prefiguring alternative, directly democratic worlds”.[18] Si durante los años 90 el discurso neoliberal (por ejemplo el de Fukuyama) presentaba la universalización de la democracia (neoliberal y representativa) como el fin de la historia, paradójicamente es la propia lucha por una democracia otra, una democracia que los movimientos reinventan en el proceso, llamémosle “democracia de la multitud” para reconocer su carácter múltiple y singularizante, lo que abre de nuevo la experiencia políticamente histórica.

 

Ahora bien, este ideal-puesto-en-práctica de muchos activistas se ha tenido que enfrentar a no pocos obstáculos. A continuación esquematizaré la épica del post de Seattle, ahondando en las cualidades enumeradas y ejemplificando alguno de los obstáculos, para así poder dialogar de una manera dual con el segundo tiempo de nuestra narración.

 

 

TIEMPO 1 DE LA NARRACIÓN. AUGE Y CRISIS DE LA MARCA.

 

Señalamos la Batalla de Seattle como un acontecimiento exponencialmente multiplicador de la proliferación movimientista. De Seattle se dirá que fue la manifestación más voluminosa, hasta entonces, en la historia de Estados Unidos.[19] Sin embargo, cada año fueron superados una y otra vez los records nacionales. Dada la intención del artículo me gustaría ir desplazando y reduciendo el scope para terminar situándome sobre las dos zonas geográficas que en última instancia he elegido para el análisis: Europa y Galiza. Una vez reseñada la fase de emergencia de la realidad objetivizada (delimitada y convertida en objeto de estudio) por la marca, deseo avanzar a través de la fase de eclosión hasta un primer momento de crisis movimentista, siguiendo para ello los trazos de la narrativa épica.

 

Tras los 50.000 de Seattle, en el año 2000 se manifiestaron en Praga 15.000 personas con motivo de la conferencia conjunta del Banco Mundial y el FMI. La novedad de Praga consistió en una propuesta estratégica: la movilización como swarming (acción en  forma de enjambre). Frente al modelo de unidad de movimientos y discursos de las movilizaciones de masas, el swarming de la multitud consiste en la articulación de una multiplicidad de discursos y formas de acción. Para solucionar el problema de la mescolanza de tácticas en un mismo espacio, que se había producido conflictivamente en Seattle, en Praga se organizaron tres grandes marchas (la azul, la amarilla y la rosa). Así se zonificaban geográficamente distintas estrategias de resistencia y puesta en escena (desobediencia civil pasiva, desobediencia activa no agresiva y confrontación directa agresiva), bloqueando desde distintos puntos y con diferentes formas de acción los flancos del espacio donde el BM y el FMI se reunían. La misma estrategia fue asumida al año siguiente en Québec, donde se manifestaron 80.000 personas contra el encuentro de la Free Trade Area of the Americas. En este caso, el gobierno respondió con una estrategia que se también sería utilizada en las cumbres que la siguieron: el vallado de amplias zonas de la ciudad para proteger los espacios de las cumbres (creación de la llamada “zona roja”).

 

Durante estos años la aritmética de los números observa un crecimiento exponencial. Resumo algunos hitos: Seattle 1999, 50.000 manifestantes, suspensión de la reunión ministerial de la OMC y declaración del Estado de Emergencia; 2001, Primer Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, 20.000 asistentes; Barcelona 2001, se suspende la cumbre del BM por temor a los posibles disturbios; Génova 2001, 300.000 personas contra el grupo de los ocho países más ricos del mundo (G8); FSM 2002, la participación en el Foro se ve multiplicada por cuatro (80.000 asistentes); Barcelona 2002, 500.000 se movilizan contra la cumbre de la Unión Europea (UE) en una manifestación de múltiples bloques bajo diversas consignas (“Contra la Europa del Capital”, “Otra Europa es posible”, etc.); 2002, Primer Foro Social Europeo en Florencia, 60.000 participantes, seguido de una manifestación de un millón de personas contra la guerra en Iraq y el neoliberalismo; FSM 2003, 100.000 asistentes; 15 de febrero 2003, una enorme manifestación global mulsituada expresa su rechazo a la guerra en Iraq, la valorización de las cifras de participación oscilan entre los 35 y los 110 millones personas.

 

Si entre el año 2000 y el 2003 el movimiento se extiende de manera exponencial en Europa, a partir de aquí su visibilidad mediática y su capacidad de movilización comienza a decaer en todos los países occidentales.[20] En Estados Unidos la ola de patriotismo desatada tras el atentado del 2001 (11-S) produce una crisis en el movimiento que los activistas norteamericanos creerán ver constatada en la escasa participación durante la contra-cumbre de Miami en el 2003; a la cual asistieron no más de 10.000 manifestantes en medio de una dura represión policial. La ola de represión y violencia sistemática contra el movimiento, orquestada a través de la cooperación internacional de los distintos aparatos policiales, se encrudece en Europa en los meses anteriores al 11-S. En junio del 2001, en Gotemburgo, la policía dispara con munición real contra una manifestación de 25.000 personas en el transcurso de una contra-cumbre con motivo de una reunión de la UE. Un mes después, en Génova, un joven anarquista, Carlo Giuliani, cae muerto al dispararle un carabinieri en la cabeza. Los heridos se cuentan por miles y se denuncian distintas formas de brutalidad policial y torturas en las comisarías, entre las que se cuentan linchamientos indiscriminados de activistas indefensos (mientras dormían en uno de los centros de reunión, por ejemplo) y distintas vejaciones sexuales a las que son sometidos los detenidos por parte de una policía italiana entrenada por los cuerpos policiales neoyorquinos del alcalde neoconservador Rudolph Giuliani (conocido por popularizar la expresión “tolerancia cero”).

 

Sin embargo, si bien esta estrategia tiene importantes consecuencias a la hora de limitar las posibilidades del swarming (el black block y sus estrategias de confrontación con la policía y ataque a las multinacionales serán rechazadas por muchos sectores activistas), hay que señalar que ni el 11-S ni la violencia de Estado logró echar para atrás al movimiento en Europa. La brutalidad policial de la primera jornada de Génova fue diseñada para funcionar como una pena ejemplar sobre un cuerpo colectivo parcialmente reducido a la figura del homo sacer, es decir, una reducción a la animalidad impolítica sin garantías legales a la cual es relegado el sujeto una vez que, bajo el Estado soberano, es escindida de él la ciudadanía (nuda vida).[21] La suspensión implícita de los derechos humanos en las calles y las comisarías fue la otra cara de la suspensión oficial del derecho de la directiva de la UE que garantiza la libertad de movimientos entre los países europeos.[22] Tras esta pena ejemplar Berlusconi amenazó con mayores represalias y aconsejó el fin de las movilizaciones. Los partidos de centro-izquierda desconvocaron sus movilizaciones, y aún así, si fueron 50.000 los que se habían manifestado durante ese día, serán 300.000 los que a pesar de Berlusconi, la policía y el centro-izquierda se movilizarán durante la segunda jornada, [23] evidenciando de nuevo la actualidad de la crisis de la representación.

 

La hipótesis de que en Europa no fue la represión ni nada que tenga que ver con el 11-S lo que generó la crisis de la marca y el movimiento se verificó poco después en los 500.000 de Barcelona (2002), en el millón de personas movilizadas en Florencia (2002), y en los millones que tomaron las calles europeas contra el guerra en Iraq (2003). No obstante, decíamos que la represión y la violencia de Estado sistemática sí que significó un primer obstáculo para el swarming multitudinario.[24] En efecto, la estrategia político-policial de Génova ha de entenderse tanto como una pena ejemplar como un ataque contra la ética del swarming, es decir, la ética multitudinaria de la diversidad de tácticas simultáneas y zonificadas. Se trataba, a fin de cuentas, de un intento de acotar y limitar la multiplicidad de la política de la multitud. Mediante la creación de lo que Jeffrey Juris llamaría un “espacio de terror” en una “zona de indistinción” para la brutalidad policial, en Génova se volvió imposible para los activistas el elegir y hacerse responsables según su elección de las distintas formas de conflicto y sus consecuencias. La zona de indistinción distribuyó la violencia policial de una manera uniforme sobre el conjunto de manifestantes, muchos de los cuales terminaron por rechazar las estrategias del black block por considerar que posibilitaban la legitimación mediática de esta violencia estatal sistemática.

 

El otro obstáculo vino dado por la convivencia contradictoria, en el seno del movimiento, de distintas formas de entender la política. Si hemos definido el movimiento en términos de multitud y no de masa (multiplicidad irreductible a la representación unitaria, horizontalidad y forma/red, swarming discursivo y performativo, etc.), debe entenderse que esto es así en tanto que forma general del movimiento (de movimientos). Pero esta forma general no se trata de un compuesto pacificado. En su interior coexisten elementos contradictorios, incluso antagonistas, y así, dentro de la forma general del movimiento (política expresiva de la multitud) coexisten políticas representativas (de masas). En la experiencia de los distintos Foros Sociales, ya sean éstos mundiales o locales, puede discernirse nítidamente esta tensión. Aunque en ellos se dan cita diversos actores, algunos de los cuales no son sino fundaciones o asociaciones dependientes de partidos políticos (política soberana representativa), la forma general que los engloba a todos exige una política distinta (expresiva, en clave de multitud). En su Carta de Principios el FSM se define explícitamente como un lugar expresivo, no representativo, en el cual no pueden tener cabida los partidos políticos.[25] Si bien habrá que decir que, como veremos cuando nos acerquemos al Foro Social Gallego, al igual que existe una tensión y una limitación cambiante en el swarming durante las movilizaciones, también en los Foros Sociales la forma general está sujeta a múltiples tensiones y contradicciones prácticas que limitan las potencialidades de la multitud y el swarming.

 

Pongamos un ejemplo más. Esta tensión entre las políticas de la expresión, las políticas de la representación, las de masas y las de multitudes, fue recogida por Jeffrey Juris al reportar la dinámica de la marca en el Estado Español y la actitud hacia ella por parte de Izquierda Unida (IU). Las distintas protestas contra la cumbre de la UE durante la presidencia española fueron organizadas a través de una serie de asambleas por distintas partes de la geografía peninsular. En una de ellas, la de Zaragoza (noviembre de 2001), tras enfatizar la necesidad de darle una estructura organizativa unitaria al movimiento, IU intentó imponer –dirán algunos activistas- su agenda de movilizaciones, alegando que las fechas que proponían habían sido ratificadas en las anteriores reuniones de Barcelona. Esta intervención generó una gran polémica. En un clima de aguda tensión, los activistas catalanes desmintieron el acuerdo al cual el delegado de IU se refería, gritándole que no representaba a los activistas de Barcelona. Lo que para los delegados de IU era una propuesta para dar coherencia y una estructura sólida a un movimiento demasiado intermitente e informado, fue leído por otros como un intento de captar el movimiento con fines partidistas. Entre estos activistas, dirá Juris, se recordará esta asamblea de Zaragoza como el lugar en el que IU intentó cooptar el movimiento sin éxito.[26] Fuese como fuese, lo que esta tensión ponía de manifiesto no era otra cosa sino el chirriar intrínseco a una forma general que aglutinaba distintas modos de hacer política. De hecho, esta misma tensión y polémica se reprodujo en múltiples ocasiones y con distintos actores. Así, por ejemplo, los activistas más proclives a la forma-red y los activistas con discursos políticos más beligerantes, acusaron reiteradamente al FSM de estar creando una instancia de cooptación y representación simbólica (de cara a los medios) en la cual sólo los sectores más soft e institucionales estaban representados.

 

 

TIEMPO 1 DE LA NARRACIÓN. LA MARCA EN GALIZA.

 

En Networking Futures, un brillante estudio etnográfico sobre lo delimitado por la marca, y más concretamente para lo que atañe a la composición de las manifestaciones contra-cumbre, Jeffrey Juris distingue cuatro grandes sectores del movimiento: los sectores institucionales (ONGs, sindicatos de masas y partidos políticos de izquierda); los sectores críticos de los sectores institucionales (sector crítico de los sindicatos, sindicatos de base anticapitalistas, etc.); los movimientos-red (como lo son el Indymedia o el People Global Action, o como lo fueron la Red Ciudadana para Abolir la Deuda Externa o el Movimiento de Resistencia Global); y la autonomía anticapitalista (centros sociales antagonistas, okupas, anarquistas, movimiento autónomo, etc.).[27] Todos estos sectores pueden ser vistos en acción en Galiza, y aunque de forma asimétrica, existen elementos de cada uno de los cuatro sectores en el primer Foro Social Galego (de diciembre de 2008).

 

A pesar que ya desde los años noventa existieron colectivos autónomos zapatistas u ONGs de acción global, y a pesar de que desde la batalla de Seattle el proceso gallego siguió la trayectoria del movimiento global, en Galiza la marca en sí ha tenido un escaso recorrido. Aún  así, al poco de la batalla de Seattle comenzaron las primeras acciones en la calle que se reivindican a sí mismas como “anti-globalización”. En A Coruña, por ejemplo, nada más producirse el acontecimiento de Seattle, una serie de colectivos comenzaron a difundir las ideas y las críticas del movimiento, y con motivo de la reunión de Banco Mundial que se iba a realizar en Barcelona, diseñaron distintas acciones mediáticas que desembocaron en la que posiblemente fuese la primera manifestación antiglobalización en suelo gallego, un pequeño evento organizado conjuntamente por un colectivo anarquista (Oveja Negra) y un colectivo autónomo (Meiga Alternativa), que convocaría a cerca de doscientos activistas en A Coruña, el 23 de junio del 2001. Al año siguiente tuvo lugar la única contra-cumbre en suelo gallego, en Santiago de Compostela, con motivo de la reunión de los Ministros de Interior de la UE. Como en otras cumbres del momento, la ciudad fue tomada por la policía (2000 efectivos fueron desplegados en una ciudad de poco más de 100.000 habitantes), se creó una Zona Roja vallada, y se practicaron distintas técnicas disuasorias con las que los Estados ya habían experimentado en otras cumbres: en concreto, una serie de inspecciones y arrestos en los domicilios de los activistas para amedrentar a los militantes, y una campaña mediática, destinada a los militantes y a lo que llamaremos el quinto sector del movimiento, con la cual se insinuaba que en Compostela se volverían a repetir los sangrientos episodios de la todavía reciente Batalla de Génova. En medio de este clima de nerviosismo disuasorio, durante los dos días de la reunión se organizaron un total de siete marchas. En ellas participarían varios miles de activistas, siendo las manifestaciones más importantes las que se definían por criterios ideológicos: las mil personas aglutinadas por los anarquistas y los dos mil o tres mil que participaron en los actos de la izquierda galleguista.

 

Si bien las movilizaciones de la marca en Galiza son escasas, mucha más nutrida es la constelación de colectivos que se inscriben en su delimitación. Además de las múltiples ONG globales que pueblan el territorio gallego, destacan entre otras organizaciones el Sindicato Labrego, miembro activo de la Vía Campesina, un movimiento global que en su seno aglutina a más de un centenar de organizaciones de los cinco continentes; la Marcha Mundial das Mulleres, formada durante el año 2000; el Indymedia Galiza, creado en la primavera del 2003 y actualmente impulsado por los activistas de los centros sociales; el grupo de brigadistas globales Fuga em Rede, que ha realizado labores de apoyo en zonas de conflicto como Chiapas y Palestina; o la plataforma cibernética Altermundo, uno de los principales colectivos promotores del Foro Social Galego. Los distintos colectivos han protagonizado una serie de acciones transnacionales, como las campañas del Sindicato Labrego en contra las restricciones al sector lácteo impuestas por la UE, y muy distintos actos públicos: desde pequeñas concentraciones ante las embajadas mexicanas en denuncia de la represión al levantamiento indígena de Oaxaca (2006), hasta la movilización de carácter europeo en Vigo que organizada por la Marcha Mundial das Mulleres convocó en mayo del 2004 a varios miles de personas bajo la proclama “Por uhna Europa de todas. Diferentes si, desiguales non”.

 

Las distintas ONGs, colectivos, organizaciones y redes gallegas reproducen la fractalidad de algunas de las propuestas y reivindicaciones de los distintos sectores que componen la marca: desde la reivindicación de la soberanía alimenticia, leída desde la rejilla del género por parte de la Marcha Mundial das Mulleres,[28] hasta el rechazo en pleno al capitalismo y la apuesta por formas económicas cooperativas y autogestionadas defendidas por distintos sindicatos y colectivos anarquistas; desde el rechazo a los transgénicos organizado por la Plataforma Galega Anti-transxénicos (de la cual forman parte distintas asociaciones ecologistas, colectivos globales, centros sociales y movimientos de base), hasta las campañas de solidaridad global con los pueblos indígenas; desde la defensa de la sostenibilidad ecológica de la red Galiza Non Se Vende (creada en septiembre del 2007), hasta la denuncia de tratados económicos transnacionales por parte del Sindicato Labrego, o la defensa de la libertad de movimientos y residencia para los migrantes que es llevada cabo por asociaciones de diversa índole, todo ello pasando también por las apuestas de medias para la multitud del Indymedia Galiza, la defensa de los Derechos Humanos de distintas ONG y fundaciones, los distintos proyectos de cooperación con los países empobrecidos de las ONGs globales, o la propuesta por una tasación de las transacciones especulativas globales a cargo de la fugaz y anecdótica experiencia de la ATTAC gallega. Todos ellos manifiestan explícitamente un rechazo y oposición activa al neoliberalismo global, y en la mayoría de los casos, una crítica a las distintas formas de trabajo precario (contra lo cual desde distintas redes y centros sociales se han realizado, aunque con escasa resonancia hasta la fecha, distintos eventos y movilizaciones en pro de los “derechos sociales” y el ingreso universal de ciudadanía o “renta básica”).

 

Al igual que en otras partes, en Galiza, tras las movilizaciones contra la guerra en Iraq la experiencia organizativa y la visibilidad mediática de la marca decayeron notoriamente. La “antiglobalización”, omnipresente durante varios años en la cotidianidad de los medias convencionales, cedió su paso a una sucesión de noticias a pie de página sobre sucesos que eran presentados de forma inconexa y anecdótica, sin narrativa que los engarzase, de una manera más parecida al modo de los anales. Ahora bien, para evaluar la crisis, y para pensar el futuro próximo, es necesario prestar atención a la heterogeneidad de los ritmos y los límites de aquel fragmento social y temporal que objetivamos bajo la rúbrica del “movimiento”.

 

Existen dos velocidades muy distintas: la de los medias y la de los movimientos. Como ya he mencionado, el proceso agregativo que eclosionó en Seattle, sin el cuál el acontecimiento no se hubiese producido, se desarrolló durante los años anteriores al evento y a pesar del silenciamiento mediático. Anteriormente, apoyándome en Networking Futures, señalé también los distintos segmentos que componen el movimiento. Pero al esquema aportado por Juris para retratar la composición de la marca (los cuatro sectores), habría que añadir un quinto componente especialmente significativo: las multitudes no suscritas a ninguna red, a ninguna organización, a ningún “movimiento”, y que no obstante señalan internamente el límite de la potencia del propio movimiento. Este quinto sector representan un porcentaje más amplio de la movilización cuanto más multitudinaria es ésta. El quinto sector marca la brecha existente entre la capacidad movilizadora del movimiento y su capacidad organizativa (capacidad de solidificar y convertir la protesta en activismo), un problema que es vivido como tal por los activistas, y para el cual se ensayan distintas propuestas, por lo de ahora de eficacia limitada.

 

El quinto sector es el que depende en mayor grado de la variabilidad de los medias convencionales, de la velocidad mediática, aunque no lo hace de una manera unidireccional o inmediata, sino de un modo ambivalente. Fue el quinto sector el que se movilizó en la segunda jornada de Génova, a pesar de los partidos y los medias, evidenciando la crisis de la representación. Pero el quinto sector no se trata simplemente de una miríada de gente cuya labor política se circunscribe meramente a una participación puntual en las manifestaciones. Aún cuando su labor es mucho más discontinua, a un nivel micropolítico puede ser visto en acción en distintas partes, especialmente evidente en Internet, distribuyendo información y publicitando las campañas (vía email, blogs, etc.). Un análisis de esta acción requeriría de un análisis de las prácticas cotidianas, al estilo de las investigaciones de Michel de Certau, [29] que no podremos realizar en este ocasión. Aún así, si que se puede concluir que es la variabilidad de la movilización callejera del quinto sector marca la diferencia entre las etapas de eclosión y crisis de la marca. Y también habrá que advertir que, ahora que parece invernar la marca, en los últimos años vemos como la marca y sus experiencias transversales, del mismo modo que ocurrió durante los años en los que se preparó el acontecimiento-Seattle, vuelve a proliferar otra vez ante silencio mediático. El Foro Social Galego, la Marcha Mundial das Mulleres o la irrupción de la red Galiza Non Se Vende dan en el territorio gallego buena cuenta de ello.

 

 

Más allá de las consideraciones sobre el quinto sector y los devenires no tan visibles de la vida cotidiana, decíamos que el quedarnos en un mero análisis de la marca imposibilita de por sí la capacidad de imaginar la magnitud, la potencia, la singularidad y la posibilidad de la política de movimiento que abre el por-venir histórico más allá del último fin de la historia. Prestar atención a la matriz de movimientos transversales que atraviesan y engloban la marca, puede servirnos para precisar la singularidad histórica del movimiento, su potencia y los posibles que inaugura, o los por-venires que evoca, es también necesario para tomar posición dentro de los debates que dentro del movimiento se da a propósito de las formas y la manera de dialogar entre los cuatro sectores, y entre estos y el quinto sector. Esta última cuestión será debatida al final de presente ensayo. A continuación, una somera aproximación a la transversalidad movimentista en la cual se engarza la marca, esta vez ejemplificada en las realidades gallegas, nos permitirá entender el por qué de la necesidad de agrandar el scope más allá de la marca. Aún cuando las expresiones de la marca propiamente dicha no han tenido una gran magnitud en Galiza, no se puede decir lo mismo con respecto a lo que atañe a lo que definimos como movimiento global de la multitud. Finalmente, será con este zoom ampliado que evaluaré los debates actuales que se están dando en una instancia fundamental de la marca “alterglobalización” gallega actual, el Foro Social Galego, y lo haremos atendiendo a la genealogía de la política de movimiento, y las posibilidades que abren en el contexto político contemporáneo.

 

 

 

TIEMPO 2 DE LA NARRACIÓN. EL MOVIMIENTO GLOBAL EN GALIZA.

 

Si hubiese que hablar de un libro que fuese representativo de la marca ese bien podría ser No logo, el best seller de la activista alterglobal y periodista canadiense Naomi Klein. En este libro la autora define el capitalismo actual como un modelo en el cual el valor simbólico de las marcas (de las grandes corporaciones globales) se vuelve un elemento imprescindible en los procesos de valorización del capital, pero en el cual la marca se convierte también, y a la vez, en un target capital hacia el cual va dirigida la acción de los activistas globales. Con el nombre de la marca no me he estado refiriendo a otra cosa que a una nueva marca, atravesada por un intenso ejercicio de storytelling antagonista, y que entró en escena con la Batalla de Seattle (1999), precisamente en el mismo momento en el cual No Logo estaba en imprenta, la marca ha servido para aglutinar, crear marcos de identificación y volver inteligible una multiplicidad de procesos que durante los años inmediatamente anteriores estaban ya convergiendo. Hablo, por supuesto, de la marca periodística “antiglobalización” y de las distintas versiones que de ella hicieron los activistas (“alterglobalización”, por ejemplo). El principio de inteligibilidad de la marca hasta aquí descrito, inscrito en su objetificación y narrativa, ha servido a distintos analistas y activistas para problematizar el estado actual de las resistencias, y para insinuar la emergencia de nuevos estratos en la genealogía de la política de movimiento (pasaje de la política de masas a la política de multitudes). Pero la delimitación de la marca evidencia su limitación heurística, insuficiente a la hora de aprehender la potencia y prospectivas del movimiento.

 

Hasta aquí he estado hablando precisamente de lo que en ella existe de novedad. De igual modo, la hemos incluido en un proceso más amplio que arranca en los años 60. Para expresarlo de un modo gráfico: si el arco de Seattle fue el acontecimiento fundador de la marca, y el acontecimiento proliferador señala la tensión y potencia que vibra en su cuerda, los puntos de la línea que traza la flecha lanzada van desde 1968 hasta el 1999. En torno a la marca ha sido posible construir una narración, con sus personajes, fechas, sus tramas argumentativas y su desarrollo. Estos procesos de objetivización e inteligibilidad narrativa son fundamentales a la hora de forjar un movimiento, crear organización, producir subjetividad e incorporar en su seno al quinto sector. De la importancia de ello han intentado dar cuenta, para lo que al estudio de los movimientos sociales se refiere, los teóricos de la identidad y la enmarcación cognitiva (Melucci et al), y por supuesto, la disciplina antropológica ya desde sus más tempranos comienzos. En la objetivización y los principios de inteligibilidad narrativa que se dibujan en la marca se juega una partida decisiva: la de la producción discursiva de la realidad. Se entenderá que una objetivización u otra conllevan distintas estrategias políticas, distintos análisis teóricos, distintas interpretaciones de la potencia y la forma en la que ésta puede y ha de desenvolverse. Reside aquí mi crítica a lo reducido de la marca y sus análisis teóricos, pues la potencia y los posibles que abre el movimiento global de la multitud sobrepasan las delimitaciones por la marca acotadas. Esta potencia y estos nuevos posibles pueden ser aprehendidos, o por lo menos evocados, incorporando en la objetivización una serie de experiencias movimentísticas estructuralmente análogas, y formalmente co-constitutivas, que además han de ser reescritas dentro de una narrativa temporal más densa y más amplia. Esto es lo que pretendo hacer al acercarme al contexto gallego.

 

***

 

Durante los años de la eclosión y proliferación agregativa y mediática de la marca “alterglobal” en Galiza no cesaron de emerger distintos movimientos y movilizaciones, de los cuales los más significativos podrían ser: el movimiento de los universitarios contra la LOU a finales del 2001; el movimiento Nunca Máis y el activismo contra el Prestige desde finales del 2002 (que inspirarían las protestas contra los incendios del verano de 2007 o las movilizaciones de Galiza Non Se Vende del 2007/2008); las multitudinarias movilizaciones contra la guerra en Iraq (2003 y 2004). Las reflexiones en torno a estas tres experiencias pueden servirnos para trazar las transversalidades co-constituyente que engarzan en Galiza el devenir de la marca con la propuesta alternativa a la que aluden las expresiones “movimiento global” y “política de la multitud”.

 

La relación co-constituyente de las expresiones de la marca alterglobal y del movimiento que emergió tras el hundimiento del petrolero Prestige en A Costa da Morte puede ser expresada a través de una serie de relaciones entrecruzadas. Por una parte, muchos de los miles de voluntarios que acudieron desde distintos puntos del Estado Español a la costa gallega, y de otros países europeos, para recoger el chapapote, habían participado en las movilizaciones de la marca (ya sea desde el quinto sector o cualquiera de los otro cuatro) y suscribían buena parte de sus diferentes discursos alterglobales. Por otro parte, los movimientos resumidos en la consigna Nunca Máis alentaron los procesos que llevarían hasta la constitución del Foro Social Galego (FSG). Como tendremos ocasión de hacer en este epígrafe, las luchas por el territorio y de los ecologistas, ampliamente representadas en el FSG, deben de ser leídas en esta línea genealógica. Pero además, el éxito del movimiento en torno al Prestige no puede entenderse fuera del clima social y mediático que se forjó con la irrupción del movimiento global, un clima que animó y definió la forma en la cual también se expresaría un amplio activismo que llamaremos destituyente.

 

El tráfico de los activistas de unos y otros movimientos fue continuo. Lo ejemplificaré con un caso personal, y que no obstante lejos de ser anecdótico representa una transacción frecuente. Durante una enorme movilización en la que participaron varias decenas de miles de universitarios en contra de la LOU en Santiago de Compostela, puede entrar en contacto con activistas del movimiento estudiantil asturiano. Unos meses después estos mismos activistas me invitaron a dar una conferencia que organizaban a propósito del movimiento antiglobalización en su ciudad, en el marco de unas jornadas paralelas al Foro Social de Oviedo, con motivo de las manifestaciones alterglobales que se iban a realizar en contra de la reunión ministerial de la UE. Finalmente, tras pasar por el movimiento estudiantil y alterglobal, terminé limpiando chapapote en las playas y movilizándome dentro de los sectores críticos del Nunca Máis y del “Non á Guerra”. La relación co-constitutiva de los discursos del movimiento alterglobal y el movimiento contra la LOU se torna evidente en las proclamas contra la privatización y neoliberalización de la universidad, y su apuesta por “Otra universidad es posible” (una versión del “Otro mundo es posible” del movimiento alterglobal). Tampoco hay que obviar la contribución del movimiento anti-LOU al clima en el cual se desarrollará el movimiento alterglobal en Galiza; no sólo creando un clima de movilización y visualización de los discursos críticos, sino también suministrando activistas a los grupos alterglobalización y vicerversa. En cuanto a la relación discursivamente co-constituyente de Nunca Máis y la marca, las reflexiones de Carlos Santiago, activista de dicha plataforma y del colectivo Burla Negra, resumen lo que fue el pensamiento de no pocos activistas: “el Prestige es un símbolo de globalización y el alto precio que nos exige a cambio de nuestra integración en el actual modelo de desarrollo mundial”, “Nunca Máis ha dotado a Galiza de una conexión con los movimientos mundiales que luchan contra la globalización neoliberal y que en los próximos años permitirá una aparición de una izquierda planetaria”.[30] El Prestige fue posiblemente una de las primeras noticias globales de Galiza, difundidamente ampliamente a través de los medias convencionales y alternativos a lo largo del globo. Sirvió también a los activistas para repensar sobre la actualidad y la potencia del movimiento global, y también sobre sus formas.

 

A propósito de las formas, el swarming y la tensión bajo la forma general del movimiento global, tanto Nunca Máis como el movimiento anti-LOU sirven para ejemplificar distintas variedades que asume la relación partido/movimiento dentro de la emergencia de las políticas de la multitud. Existe una analogía entre la Plataforma Ciudadana Nunca Máis y las dinámicas comentadas a propósito de las tensiones producidas en la asamblea alterglobal de Zaragoza. Cito de nuevo a Carlos Santiago: “Es evidente que la acción del neoliberalismo sobre el planeta está produciendo una reacción social a gran escala y por tanto nuevos modelos de contestación que ya no son posibles de entender bajo las categorías de la izquierda tradicional. En este sentido, Nunca Máis ha dotado a Galiza de una perspectiva de modernización en el nuevo contexto global. Otra cosa es si la organización del movimiento consigue superar su primea fase, todavía marcada por viejos conceptos y estrategias”.[31] Para este activista, a pesar de sus defectos, el movimiento Nunca Máis supuso una innovación política por medio de la transgresión e implosión de las dicotomías actores/espectadores, vanguardia/retaguardia y élites/masa. Estas implosiones evidencian la crisis de la política de masas y de las políticas representativas, así como el pasaje hacia unas políticas de la expresión articuladas en clave de multitud. Sin embargo, el movimiento fracasó debido a los intereses electoralistas de las instituciones representativas que la habitaban. Este fracaso se vio constatado, según Santiago, en que al final del proceso ninguno de estos actores cuestionaba ya el Plan Galicia (un plan de dinamización económica denunciado como anti-ecológico). Lo cierto es que ya desde los primeros momentos de Nunca Máis, distintos colectivos y redes de activistas (de los sectores críticos, los movimientos-red y la autonomía anti-capitalista), denunciaron que el proceso asambleario de la plataforma estaba viciado y estaba siendo cooptado por la política representativa del Bloque Nacionalista Galego (BNG). De esta analogía puede extraerse una conclusión. Pero llegados aquí, para esbozar un cuadro más amplio que retrate la emergencia gallega de la multitud, es oportuno dejar en suspense la narración acerca de Nunca Máis, que a continuación retomaremos, y adentrarnos en lo relativo a las formas del “Non a LOU”.

 

He mencionado como distintos movimientos gallegos se engarzan dentro de acciones y articulaciones políticas transnacionales: actos europeos de la Marcha Mundial de Mulleres, las campañas europeas y la participación en redes globales del Sindicato Labrego, el activismo global de Fuga em Rede, la creación de un nodo local en Galiza del dispositivo comunicativo global Indymedia, etc. Aunque a menudo se interpreta el movimiento anti-LOU como una eclosión anecdótica, desconectada de otro tipo de procesos, y que responde únicamente a ciertas políticas de un determinado gobierno estatal, lo cierto es que la actualidad de lo que el movimiento significó, y la posibilidad de su por-venir, se vuelve incomprensible sin engarzarlo en procesos de más largo alcance. Por un lado, la LOU ha de entenderse dentro de las reformas universitarias neoliberales que van desde la reforma de Tatcher en los ochenta hasta la actualidad de un Plan Bolonia diseñado a escala europea. Por otra parte, dicha experiencia movimentista ha de comprenderse en la línea genealógica de resistencia a este proceso de neoliberalización transnacional. A los cientos de miles de universitarios que se manifestaron contra la LOU en el estado español, le siguió la multitudinaria protesta de los estudiantes franceses contra el Contrato de Primer Empleo (comienzos del 2006), las luchas contra la privatización de la enseñanza de Grecia (2006), las movilizaciones del 2008 en contra del Decreto Gelmini en Italia, que tras semanas de movilizaciones y ocupaciones de facultades convocaron a casi un millón de personas en Roma, o la insurrección griega de diciembre del 2008 (de nuevo con una nutrida presencia estudiantil y un amplio impacto en las universidades).

 

Como en Grecia, Francia e Italia, el movimiento universitario reprodujo aquellas lógicas políticas de la multitud que han sido precisadas para lo que atañe al movimiento alterglobal.[32] En Compostela los profesores/activistas impartieron clases en la calle formando una suerte de Foros Sociales descentralizados. En ellos se habló de las relaciones entre el neoliberalismo, la globalización y los cambios que se estaban viviendo en las universidades. También en algunas asambleas de facultad compostelanas se incluyeron otra serie de temáticas globales tales como la problemática en torno al régimen de fronteras y las luchas de los migrantes. En A Coruña el movimiento ejemplificó de la forma más extrema la crisis de la representación. Como en tantos otros lugares, los sindicatos de estudiantes fueron completamente desbordados, y rápidamente se rechazó la legitimidad de los representantes de alumnos para hablar en nombre del movimiento y definir sus demandas, delimitando así una nítida diferencia entre la política representativa institucional y la política expresiva del movimiento. Por lo demás, si en las contra-cumbres es posible ver una cantidad de marchas, algunas sin banderas, pero otras donde proliferaban los logotipos de los distintos movimientos, en A Coruña el movimiento anti-LOU mantuvo una dura pugna por excluir cualquier emblema de las manifestaciones. En la asamblea general donde se reunían todas las facultades en huelga se acordó no llevar ninguna bandera, y los que así lo hicieron fueron objeto de descalificaciones. Con ello el movimiento pretendía autonomizarse por completo de cualquier posibilidad de captura partidista/representativa, expresando una variedad extrema de la relación partido/movimiento en las políticas de la multitud.

 

Esto marcó sin duda una diferencia notoria con respecto al movimiento Nunca Máis, donde un partido político (el BNG) jugó un papel relevante desde el primer momento. Sin embargo, entre ambas experiencias existe cierta relación. Es aquí donde puede extraerse una conclusión respecto al movimiento de la multitud y la cooptación de las políticas representativas. Si el comentado intento de cooptación del movimiento antiglobalización por parte IU fracasó, el BNG sólo consiguió cooptar el movimiento Nunca Máis hasta cierto punto, y sólo a condición de aceptar el a priori de la forma general del movimiento global (política de movimiento, heterogeneidad, asamblearismo, implosión de los pares actores/espectadores, vanguardia/retaguardia, etc.). El BNG intentó instrumentalizar el movimiento con fines electoralistas, y hasta cierto punto consiguió convertirse en un actor fundamental del mismo, pero lo significativo aquí vuelve a ser la incapacidad del partido político a la hora de movilizar a las masas bajo su bandera: para que el partido pudiese cobrar importancia debió de asumir la forma y los códigos del movimiento (devenir-movimiento del partido). En este sentido la autonomía de la política de movimiento se expresó como un a priori.

 

Todas estas experiencias, que más allá de la marca resumimos bajo el epígrafe “movimiento global”, expresan la crisis de la representación y el auge de las políticas y la subjetividad de la multitud, en diferencia y en contra del principio representativo y formal de las políticas de masas. Manifiestan también el carácter y la lógica destituyente que la política de movimiento tiende a expresar en la actualidad. Nunca Máis y el movimiento Anti-LOU (o los distintos movimientos en Grecia, Francia e Italia) repitieron el mismo principio que había sido captado y expresado, durante las movilizaciones contra la guerra en Iraq, con el slogan “No en nuestro nombre”. Esta consigna rechaza una forma de representación sin poner en su lugar ninguna otra. No se trataba de defender un partido alternativo, sino de manifestar una singularidad política (la política de movimiento en sí, como a priori), que todavía se expresaba en términos negativos (“no en nuestro nombre”). Esto mismo fue lo que ocurrió a finales del 2001 en Argentina, en otra expresión análoga del movimiento global. Las asambleas populares y los movimientos piqueteros, en plena crisis económica del neoliberalismo argentino, hicieron suyo el grito “¡Qué se vayan todos! ¡Que no quede ninguno!”, un grito dirigido tanto contra los partidos que se disputaban la presidencia como contra aquellas organizaciones representacionales que intentaban cooptar la potencia de la multitud (trotskistas, etc.).[33] Por mucho que en una situación ulterior, no pocas de las personas que entonaban estos gritos terminasen por votar “al mal menor” (cualquier cosa menos el menemismo), lo que reafirma este ejercicio destituyente no es sino la propia crisis de la representación, el vaciado de sus promesas ideales ilustradas, la paulatina reducción de la política representativa a una cuestión cada vez más de índole instrumental, tan sólo política en términos negativos (en contra, como instrumento de destitución), nada nuevo, pero sí un fenómeno que se ve agrandado, y que encuentra cada vez más una salida, de esta crisis de lo político, en el auge de la política de movimiento.

 

Ahora bien, tales hipótesis no solo se ven confirmadas para lo que atañe a Europa o a América Latina. El proceso es mucho más amplio.  Para ilustrarlo pondré un ejemplo tomado del Sudeste asíatico a propósito del levantamiento filipino del movimiento People Power II (PPII) y su destitución del presidente Estrada en el 2001. PPII tomaba su nombre del movimiento que quince años atrás había derrocado la dictadura de Ferdinand Marcos. Pero no se trataba de un mero revival. Charles Tilly señala la novedad de sus formas de organización y expresión en red, análogas a otros muchos movimientos del momento. La convocatoria de las primeras movilizaciones se orquestó a través de mensajes MSM. Diez millones de mensajes con el texto “Go 2EDSA, Wear blck” llevaron a 200.000 manifestantes a la Avenida Epitafio de los Santos, en Manila, muchos de ellos vestidos de negro, concentrados alrededor del monumento levantado en conmemoración del primer People Power. Esto ocurría el 16 de enero. El viernes 19 el ejército y la policía terminaron por abandonar a su suerte al presidente permitiendo que la multitud marchara a Malacañang, el palacio presidencial. El gendarme estadounidense rápidamente legitimó una presidencia alternativa, alternativa a Estrada, pero igual de sumisa. Aún así, algo había cambiado. Durante los días que siguieron al levantamiento del 16-E “las calles se llenaron de rock, bandas de institutos, consignas de los oponentes de Estrada y pancartas llamando a la destitución del presidente”.[34] PPII evidenciaba un cambio fundamental en la composición de la política y el antagonismo filipino. Aún cuando algunas zonas en Filipinas, por ejemplo Mindanao, parecía seguir presa de la vieja política “tercermundista” de los señores de la guerra, los líderes religiosos, las milicias guerrilleras y las redes clientelares, en Manila un nuevo actor político confirmaba su actualidad. Su poder constituyente transformaba el escenario político. PP2 improvisaba una nueva política, más horizontal, transversal y múltiple, cargada de una democracia otra, afirmada en la acción y en la calle. Aunque los distintos poderes de la vieja política de soberanía efectivamente apoyaron el movimiento anti-Estrada (el PC filipino, por ejemplo), en Manila un “black block” distinto, agenciado a través de las redes comunitarias y de las nuevas tecnologías comunicacionales, se constituía en tanto que forma política autónoma. Con su irrupción las lógicas de la gubernamentalidad, así como la relación entre los partidos y los movimientos, necesariamente se transformaron. De esta manera, cuando el Force of the Masses, el partido de Estrada, intentó retomar la iniciativa, tan sólo le quedó una posible respuesta. Y esta no pasaba sino por redefinir el partido en términos movimentistas, partido-movimiento o devenir movimentista del partido. La política de movimiento transmutaba la mismísima política de partidos y ejércitos que por tanto tiempo había sido incontestablemente hegemónica. Esta reconfiguración, que aquí precisamos para el contexto de Manila, no es sino un ejemplo de algo que puede estar sucediendo y ha sucedido, sin duda con variadas peculiaridades (g)locales, en muy distintos lugares.

 

 

Por fin, esbozada esta emergencia de la política de movimiento y dibujados los contornos del concepto actual del poder destituyente, es ahora cuando podemos retomar la narración sobre Nunca Máis y desarrollarla hasta sus últimas declinaciones. Fue la política de movimiento lo que sacó a Fraga y el PP del gobierno gallego. Este poder distituyente se forjó a través de los movimientos contra la LOU, el Prestige, la guerra en Iraq y, finalmente, la campaña “Hai que botalos”. La llegada del PSOE y el BNG al gobierno no fue sino su contrapartida, de ninguna manera un apoyo incondicional, sino un efecto colateral, el efecto de una subjetividad destituyente donde el voto de castigo marcó la diferencia, de la misma manera que lo marcó en el caso de la expulsión del PP del gobierno español. Por otra parte, si con su llegada al gobierno, y los pasos que el BNG dio para adaptarse al nuevo medio (jerarquización de su estructura interna y giro al centro), el movimiento Nunca Máis definitivamente desapareció, habrá que decir que la subjetividad y la política de la multitud que ahí hervía, buscó y encontró rápidamente otros cauces de expresión. Es así que, frente al Plan Galicia (ante el cual ningún partido mayoritario se oponía ya) y ante distintas prácticas especulativas y problemas ecológicos, como herencia movimentista de Nunca Máis surgió una red descentralizada similar a otra muchas que conforman la marca alterglobal: Galiza Non Se Vende (GNSV). En ella se dieron citas muy diversas luchas y organizaciones: asociaciones por la defensa de la ecología y las formas de vida del Courel o Monteferro, por la de defensa del litoral de Ferrol o Bueu, colectivos habitualmente referenciados en la marca antiglobalización gallega como Fuga Em Rede o los centros sociales antagonistas, y los colectivos acción socio-cultural Arremedo o el grupo Burla Negra, muy activos y visibles durante el movimiento del Prestige y la campaña “Hai que botalos”.

 

Aún inmersos en el silencio mediático, y su reducción de los eventos a meros registros de anales, aún en plena crisis de la marca alterglobal, el 17 de febrero del 2007 la red consiguió movilizar a 10.000 personas en Santiago de Compostela con el slogan “Galiza non se vende. Terra viva e digna para tod@s”. Como en lo que concierne a las contra-cumbres y al movimiento anti-LOU, la manifestación se llenó de colorido e ironía simbólica expresando una multiplicidad de voces (estética de la multitud). A diferencia de la LOU, la movilización volvió a reproducir la cacofonía de siglas de las contra-cumbres. Y al igual que en las manifestaciones de Nunca Máis, se expresó de nuevo el poder destituyente de la multitud. Esta vez, distintas comparsas carnavalescas y pancartas representaron al BNG y el PSOE cogidos de la mano, llevando Touriño y Quintana carritos de la compra cargados de dinero sucio, y rezando las pancartas “BNG, PSOE, PP a mesma merda é”. No se trataba de algo nuevo. En las propias manifestaciones de Nunca Máis siempre estuvo presente la heterogeneidad, y esta última consigna fue constantemente entonada por la manifestación del Bloque Anarquista, por ejemplo. Sin embargo, aquí este rechazo conjunto, también al BNG ahora en el gobierno, cobró un lugar protagonista que no tuvo en las movilizaciones del Prestige. El BNG, que durante los años del Nunca Máis había logrado captar la nueva singularidad del contexto histórico contemporáneo, perdía ahora los lazos con el movimiento y la multitud, pasando a ser objeto de un amplio rechazo que incluso se reproduciría en su interior. Da buena cuenta de ello la escisión que se produjo en el seno de la organización ecologista afín al partido, así como el giro de otra de las secciones del BNG hacia el Foro Social Galego. Y del mismo modo, si bien desde un ángulo bien distinto, la irrupción a partir del 2003 de una veintena de centros sociales galleguistas, evidencia los vigentes procesos de transformación y la relevancia de la política de movimiento actual dentro de los ambientes de la izquierda gallega.

 

Así pues, esta línea de fuga movimentista trazada por GNSV va ahora allá de la experiencia Nunca Máis, reconstruyendo la política de la multitud más allá del partido. Y si fue antes que nada el movimiento lo que destituyó el gobierno de derechas, vuelve a ser ahora el movimiento el que se encara como la única potencia política capaz de construir una alternativa de izquierdas. Incluso en lo que se refiere a la política de partidos, tan sólo por la acción constituyente del poder destituyente del movimiento el partido político puede verse obligado, o puede recabar la legitimación suficiente, para dar un giro a la izquierda. Esto es lo que expresa la crítica de GNSV en su relación agonista con a la socialdemocracia neoliberal (PSOE) y en proceso parcial de neoliberalización (BNG), del mismo modo que, deberíamos decir, dando un salto en el charco, que fue el movimiento el que obligó a dar un giro de izquierdas al gobierno chavista en Venezuela (alzamiento movimentista del 2005 contra el golpe de estado), y fue también el movimiento el verdadero vector por el que se expresó el poder constituyente en el proceso revolucionario boliviano, comenzado en el año 2000 con la insurrección contra la privatización del agua exigida por el Banco Mundial, del cual la victoria electoral de Morales no sería sino su última consecuencia. En todas estas experiencias, se observa una inversión en la relación partido/movimiento, y un devenir transnacional de la potencia movimentista.[35] Una inversión sin duda anticipada por el EZLN, y más atrás en el tiempo, por las experiencias de la izquierda contracultural de los años sesenta.

 

Ahora bien, con esta narración y afirmación del carácter destituyente del movimiento en absoluto pretendemos defender ni mostrar un apoyo hacia los nuevos gobiernos de esta socialdemocracia globalizada (Zapatero, Chávez, Morales, y ahora Obama), tampoco pretendemos afirmar la actualidad de una especie de rechazo al Estado leído en clave anarquista, ni queremos afirmar, con esta subsunción de la política de partidos por la política de movimiento, una simple quiebra de los partidos políticos. No es este el caso. Lo que con ello afirmamos es algo distinto: el pasaje hacia un nuevo estrato histórico de lo político, una nueva relación entre el partido y el movimiento, y en resumen, la emergencia de una política de movimiento en la cual se lee el poder destituyente del movimiento como una expresión histórica de un poder constituyente sito en el movimiento de la multitud. Este pasaje, en definitiva, nos obliga a repensar los análisis de los movimientos y sus políticas. Esto es lo que haremos en la conclusión de este ensayo, resumiendo ahora, a continuación, la serie de hipótesis con las que estamos trabajando.

 

 

 

TIEMPO 2 DE LA NARRACIÓN. PASAJE A LA POLÍTICA DE MOVIMIENTO.

 

 

Primero. En lo que concierne a la política radical, la tradicional relación entre el partido y el movimiento se ha invertido. En una escala europea los acontecimientos del 1968 y el 1977 marcaría el punto de inflexión. En lo que atañe a Galiza la inflexión se ha producido con distintos ritmos, pero sea como sea, se ve confirmada por la emergencia movimentista de los últimos diez años. Esta inversión significa que la potencia política (de una política radical) ya no puede residir en otro sitio sino en el movimiento, y más concretamente en los emergentes movimientos de la multitud, cuya forma general, más allá institucionalización estatalista de las políticas de la identidad, toman como a priori y condición sine qua non su autonomía formal respecto a las instancias representativas (a menudo declinada en términos destituyentes) y su heterogeneidad corporal y discursiva (política polifónica y expresiva de la multitud). Por lo demás, la hipótesis que extraigo afirma que es también en el movimiento donde reside la “capacidad estratégica” que anteriormente el marxismo identificaba con el partido. El movimiento expresa sin intermediario el cerebro social político, la innovación y la creatividad política y social. Más allá de la capacidad  de definir la agenda política, habitualmente atribuida al movimiento como si de un lobby se tratase, es en el movimiento donde se manifiesta la posibilidad de crear nuevos valores antagonistas, nuevas ideas, nuevos programas políticos radicales, y la capacidad también de materializarlos. Sin el movimiento no parece existir la posibilidad de una reconstrucción y renovación de la izquierda política, lo cual exige al partido –o debería exigir- una completa renovación de sus formas y su trato hacia lo movimentístico.

 

Segundo. En lo que concierne a la crisis de la representación política electoral, la relación entre partido y movimiento se ha transformado de otra manera. Lo que ejemplifica el caso gallego, el giro geopolítico latinoamericano, o el ejemplo filipino mencionado, es una transformación significativa en los mecanismos duales de la gobernanza. Tendencialmente, la política de movimiento se manifiesta como la potencia principal a la hora de aupar o desbancar a los partidos. Esta potencia reafirma de dos maneras la crisis de la representación: o bien, dada su declinación en términos de poder destituyente (Argentina 2001); o bien, como alianza contingente realizada con vistas a potenciar a los propios movimientos (Bolivia 2006). Dicho de otro modo: más allá de los intereses sectoriales, la declinación en términos destituyentes del poder constituyente que expresa la política de movimiento reafirma el a priori de la autonomía de su forma general con respecto a la política de partidos.

 

Tercero. Llegamos aquí a una última hipótesis: la de un pasaje más allá de la hegemonía de la política de partidos, y la emergencia, en este pasaje, de lo que llamaremos el devenir-movimiento del partido.

 

Desde el punto de vista de la Ciencia Política, en una serie de ensayos, historizando de manera alternativa lo que se ha venido a llamar los “ciclos de democratización”, Raimundo Viejo señala dos pasajes fundamentales para lo que concierne a la política occidental. El primero comienza a dibujarse a finales del siglo XIX. Se precisa ahí un paso desde la hegemonía de la política de notables hacia la centralidad de la política de partidos. Un pasaje resumido en la subsunción del notable por el regimen de partidos, el pasaje del ámbito local al estatal, del personalismo y el compromiso personalizado del notable a un sistema de representación con un mayor nivel de abstracción, y una transición desde el tribuno como figura hegemónica de la política del momento a la nueva centralidad de la figura del militante de partido. Con la entrada de nuevas fuerzas en el campo social, los acontecimientos de los años 60 y 70 marcan el segundo pasaje. Se inicia aquí una transición desde la política de partidos hacia la política de movimiento, ya no inter-nacionalista ni inter-estatal sino directamente global, en el cual el activista se impondría tendencialmente como la figura capital.[36] Podríamos ubicar en este último trayecto la deriva hacia los partidos catch-all y los cartel-party, y el auge de los partidos-red y su movilización de activos para campañas descentralizadas y contingentes a imitación de ciertos movimientos sociales, que no obstante incorporarán en su seno (con esto último nos estamos refiriendo a ciertos colectivos y subjetividades de las políticas identitarias, y a su institucionalización en el marco de esa crisis general de la izquierda que se insinuaba ya y primeramente como “largo invierno de los movimientos sociales”).

 

Raimundo Viejo explica esta crisis de la política de partidos en función de una serie de causas endógenas y exógenas (en relación a los partidos), y que, en definitiva, no serían sino la consecuencia y correlato de la crisis de la representación propiciada por la emergencia de la política de movimiento de los años 60 y 70 (la reinvención movimentista del antagonismo: la conjunción del impacto de la Nueva Izquierda y los movimientos contra el colonialismo, y la transformación subjetiva de las masas en multitudes). Como causas endógenas de la nueva centralidad tendencial de la política de movimiento, Raimundo Viejo menciona la pérdida de la centralidad del partido político a la hora de construir los asuntos de gobierno, de definir la agenda política, de participar en las políticas públicas y en los procesos decisionales. Como causas exógenas señala el desplazamiento de la capacidad decisional hacia fuera del Estado de Partidos, esto es, hacia el ámbito transnacional o globalizado. Si esta crisis tiene como correlato el de la potenciación de los organismos y las empresas transnacionales, o en otro orden de cosas, la potenciación del papel de los mass media, también debemos precisar una potenciación de la forma/movimiento, cuyo impacto en las formas de gobernanza se ha visto acrecentado con la neoliberalización del Estado (y su delegación de funciones en ONGs, asociaciones, etc.).[37]

 

Sin embargo, no debe deducirse de aquí que el pasaje a la centralidad tendencial de la política de movimiento se agote en un incremento de la participación del movimiento en la gobernanza. Hemos señalado el movimiento como a priori constituyente y cerebro social de la innovación política. Del mismo modo que la política de movimiento subsumió al notable, incorporándolo en su seno, trabajándolo desde dentro con sus propias lógicas de partido, y por tanto transformando completamente la figura del notable, bien podemos decir que ahora ocurre lo mismo con la forma/partido en relación a la política de movimiento. Esto no significa, empero, una desaparición de la política de partidos sino, simplemente, una crisis de la vieja forma, así como el inicio de un nuevo devenir del partido impregnado por los afectos y códigos del movimiento. En este juego de impregnaciones y recombinaciones ha de precisarse una relación entre el poder constituyente y su captura (poder constituido). El poder constituyente, expresado cada vez más en clave de movimiento de multitudes, trabaja la forma/partido como si de su exterior constitutivo se tratase. En respuesta a la emergencia de este desplazamiento de los centros gravitatorios, el partido se ve obligado a dibujar para sí un devenir-movimiento.

 

Lo que presenciamos con la llegada al gobierno de líderes como Lula da Silva, Morales, Zapatero o Barak Obama es la emergencia de una nuevo centro-izquierda global, declinada en la forma del devenir-movimiento del partido político, dentro de la crisis de la representación de la vieja Política de Partidos, y del auge de lo movimentístico y lo transnacional (movimiento global de la multitud). La emergencia de este nuevo centro-izquierda global es el correlato del poder constituyente –declinado en términos institucionalmente destituyentes- no ya del “movimiento anti-globalización” sino de lo que precisamos como el movimiento global de la multitud; de aquí la insuficiencia heurística de los análisis que parten de una objetivización limitada a la marca.

 

En el ejercicio de este movimiento global se efectúa el devenir-movimiento del partido, que significa varias cosas. Veámoslo con el ejemplo más reciente. A lo largo de toda su campaña Barak Obama “se ha mirado en el espejo de los movimientos sociales para vampirizar sus lenguajes y sus prácticas [haciendo suyo el “Yes we can” de las multitudinarias movilizaciones de los migrantes del 2006]. Durante las carreras de las primarias demócratas no se ha cansado de decirlo: ‘No represento a un partido, soy la voz del movimiento’. Con una organización desterritorializada y en red que ha usado Internet para hacer correr el mensaje ha movilizado a miles de activistas en todo el país, su apuesta no sólo ha revolucionado la práctica política institucional, sino que ha materializado un movimiento de base capaz, entre otras cosas, de sostener gran parte de su campaña. ‘No pido el voto para mí, sino para llevar hasta la Casa Blanca a un movimiento que va a cambiar América desde abajo”.[38] En esta última consigna se resume el “hope” del partido-red catch-all de Obama. El difuso “Yes we can” simboliza la captura de diversos códigos movimentistas: en concreto, los de las políticas de la identidad (negritud, feministas, etc.), los de aquel movimiento global contra la guerra por los que el poder destituyente cobraba su más nítida constitución, y los códigos de los movimientos de migrantes, que sin duda contribuyeron a dar el vuelco electoral. En su discurso presidencial, tras su victoria electoral, Obama volvió a repetir su voluntad de posicionarse, aunque no fuese más que retóricamente, al lado de los pacifistas, los afroamericanos, las mujeres, los homosexuales o los migrantes, del mismo modo que el EZLN había popularizado su “Marcos es gay es San Francisco, Negro en Sudáfrica, etc”.

 

Un devenir, dicho en términos de Deleuze y Guattari, siempre producido en el seno de una relación de elementos heterogéneos, se trata de una mutua captura de los códigos del otro. En esta captura se produce una desterritorialización de cada uno de los cuerpos. Así, dirán Deleuze y Guattari, en el bloque de devenir abeja-orquídea, el insecto se desterritorializa y se convierte en una pieza del órgano reproductor (polinizador) de la flor, y la orquídea se desterritorializa formando un calco o imagen de la avista que capta los movimientos, códigos y afectos del insecto.[39] La captura de la forma/movimiento del partido no se limita a las enunciaciones discursivas. Como ha podido verse con el ejemplo de Obama, la propia política de partido asume una forma inesperada, y no es sólo que el partido cambie su composición (partido diversificado catch-all, partido rearticulado en red), sino que se constituye en relación con una serie de movimientos que captan los códigos de la forma/movimiento y sus expresiones concretamente contemporáneas. En este sentido, la organización MoveOn.org puede resultar ejemplar. Se trata de una organización en red para la cual su estructura cibernética es su pieza centra, y que consta con más de tres millones de suscritores. Definido como “democracy in action”, haciendo suya la forma de los movimientos-en-red, a mitad de camino entre una organización-red movimentista y un grupo de presión partidista, MoveOn ha sido decisivo en no pocas elecciones a cargos públicos. Para el caso que nos compete, MoveOn recaudó 900.000$ para la campaña de Obama, cerca de 4 millones para los candidatos al Senado, y reclutó a cerca de medio millón de personas para apoyar la campaña en varios estados claves.

 

Como añadido al ejercicio del poder destituyente movimentista, y la configuración del movimiento como vector capital de la expresión del poder constituyente, este devenir-movimiento de la propia política representativa confirma la hipótesis de la primacía tendencial de la política de movimiento desde otro punto de este juego de relaciones, esto es, en tanto que pervertĕre, extralimitación de la forma/partido mediante la captura de la forma/movimiento.

 

 

 

TIEMPO 2 DE LA NARRACIÓN: CRISIS, RECONFIGURACIÓN Y EXIT DE LA SOCIEDAD CIVIL.

 

 

En enero del 2008 se realizó la primera asamblea preparatoria del Foro Social Galego. Acudieron a ella más de 70 organizaciones. El FSG levantó suspicacias entre los distintos activistas. Diseñado inicialmente por Altermundo y la Fundación Galiza Sempre, la asamblea preparatoria fue convocada por una docena de organizaciones entre las que se contaban los sindicatos para-gubernamentales CCOO y UGT. Este hecho causó un amplio descontento entre los ambientes más radicales. Por lo demás, la nutrida presencia de destacados militantes de los sectores críticos del BNG hizo sospechar a muchos que el interés de éstos en el FSG no residía sino en su deseo de cobrar fuerza dentro del propio partido, y forzar a éste a realizar un giro hacia la izquierda instrumentalizando para ello las instituciones del movimiento global. En esta asamblea preparatoria un dirigente histórico del BNG tomó la palabra y dijo: “Hai que facer unha labor de debate que permita ir camiñando cara o achazgo de fórmulas que marquen as directrices dunha solución socio-política alternativa ó sistema actual (…) e por outra banda, tomar decisións para a realización de iniciativas concretas. (…) [E hai que facelo dentro do] proceso dialéctico de formación do pensamento que permita vertebrar e coordinar o proceso que se dá na sociedade civil, que é a gran problemática que hai, para [así] poder trasladalo ás instancias políticas e que nos permita polo tanto reconstruir as pontes que están rotas nas relacións entre as forzas políticas que forman parte do aparato do Estado, o aparato do poder, e a cidadanía, o texido social”.

 

Tras este reconocimiento de la crisis de la representación y esta apuesta por construir una nueva forma de sociedad civil que rescatase la política representativa, una activista de un colectivo ecologista rápidamente tomó la palabra para expresar sus discrepancias. Para ella, el FSG tenía que ser un espacio de movimiento sin cabida para la política de  partidos. En concordancia con la forma general diagnosticada para el movimiento de movimientos, es esto mismo lo que establecen los estatutos del FSM que suscribe el FSG, y sin embargo, los estatutos no dicen nada a propósito de qué tipo de relación, si ha de tener alguna, ha de darse entre movimiento y partido. Mi intención es discutir aquí esta última cuestión, y más aún, llegar al fin a la última parte de la hipótesis que desea esbozar con este ensayo, y que dice que la singularidad histórica del movimiento global se expresa en un nuevo posible que abre, la de superar las formas de la política moderna. Considero que para ello se hace necesario prestar atención al significado y la genealogía de aquella formación histórica que llamamos sociedad civil.

 

 

 

Sociedad civil. Sólo el Uno puede gobernar.

 

1. El pensamiento político moderno dominante parte de un supuesto: sólo el Uno puede gobernar. Es por ello que se construyen grandes representaciones unitarias como la voluntad general rousseauniana o el pueblo hobbesiano, cuerpos abstractamente unificados que sólo adquieren un carácter político cuando son representados por el Estado. Sólo el Uno puede gobernar, este es el punto del que partía Thomas Hobbes. Por un lado, observaba a la multitud (en el “estado de naturaleza”) y por el otro al pueblo (“sociedad política”). Para Hobbes el pueblo no era otra cosa sino la multitud reducida a la representación soberana, una reducción sellada a través un contrato social implícito o explícito, voluntario o no. El pueblo es Uno bajo el Uno soberano, sea éste último un individuo o una asamblea soberana. Sin embargo, la multitud, aquello que persevera como multiplicidad de singularidades irrepresentables, siempre bulle y fuga sobre esta reductio ad unum sellada en el pacto. Para solventar este problema temido, pero para el cual Hobbes no halló una respuesta satisfactoria, desde el corazón de la teoría política moderna distintos teóricos como Locke, Ferguson y Hegel pensaron el dispositivo gubernamental que pasará a llamarse “sociedad civil”.

 

2. Manteniendo la distinción entre el “estado natural” y el “sociedad política” hobbesiana Locke comenzó a trazar una diferencia notoria que ramificaba, estratificaba y filtraba la conversión unitaria a través de un cuerpo medio que bautizó como “civil”. Si para Hobbes era el Soberano, en tanto que cabeza del Estado, el último garante del orden social, para Locke esta garantía o autoridad legítima no podía emanar sino de un alma que debía rastrearse en la sociedad, y que daría forma, vida y unidad, a la comunidad política subsumida por el Estado. Sin ella nada podría el Estado, ni tampoco podría haber libertad, tan sólo el imperio de un “frágil despotismo”, aquel en el que irrumpe irremediablemente la agregación in-civil de la multitud. Para exorcizar este demonio, Locke propuso el mecanismo civil, que es antes que nada un aparataje político de representación y pacto continuo social e individualizado entre los distintos cuerpos sociales bajo el Estado. Así pensadas las cosas, el mecanismo político-representacional de la sociedad civil se convertía en una pieza capital, en una condición espiritual para la conversión, que en dirección hacia el Soberano, la multitud debía emprender hacia el pueblo.

 

3 En el contexto emergente del capitalismo moderno, los teóricos de la Economía Política revisarán y darán concreción histórica al principio abstracto de la sociedad civil de Hobbes y Locke. Lo que para Locke era el alma del orden estatal que consumaba la libertad y la concordia, una fuerza que debería ser animada por los lazos de mutua influencia, simpatía y conexión, será leído por Adam Ferguson y los autores de la escuela escocesa como un dispositivo histórico tan armonizador como conflictivo, y de corte eminentemente económico; un tejido social de relaciones, conexiones e influencias articuladas por el libre mercado. Con ello la sociedad civil conservaba el papel en relación al Estado que Locke le asignaba, pero su función se transformaba, pues la definición de la sociedad civil será leída ahora a través de la lógica y el intercambio, la convergencia y la competencia del homo oeconomicus.

 

4. En el encuentro de estas dos perspectivas Hegel redefinió de nuevo el dispositivo civil. En este caso el mecanismo conversor funcionaba como un dispositivo dialéctico, que siguiendo a Hegel, apuntaba hacia la realización plena de la Idea de Estado. “Según Hegel (…), por las necesidades, el trabajo, los cambios y la búsqueda del propio interés particular, los ‘átomos no organizados de las sociedad civil’ van organizándose hacia lo universal –no simplemente a través de la misteriosa acción de la mano invisible de Adam Smith, sino por las instituciones competitivas de la producción y la circulación capitalista”.[40] Las instituciones de la sociedad civil (las corporaciones, las organizaciones sindicales del trabajo, etc.), se convierten así en condiciones sine quan non del proceso constituyente del orden societal bajo la universalidad del Estado. Y si esta redefinición dialéctica del proceso conversor supuso un salto cualitativo en la genealogía de la sociedad civil, el otro salto genealógico, el carácter biopolítico de esta reconceptualización, se manifiestaba en lo que Michael Hardt considera la segunda innovación hegeliana con respecto a la tradición precedente. En Hegel el pueblo ha de ser tratado, ha de ser formado antes de convertirse en sujeto político. Tal conversión se produce por el acto mediador y pedagógico de la sociedad civil.  En tanto que educador político, la acción de la sociedad civil señala un hiato entre lo político (pueblo) y lo impolítico (multitud). La brecha de lo político se vuelve pedagógica bajo la égida del estado. O dicho de otro modo, el pueblo permanece como sujeto impolítico hasta que es educado y encauzado por las instituciones civiles. “Hegel no quiere reemplazar el dualismo originario (sociedad natural/sociedad civil) con otro dualismo (sociedad civil/sociedad política), cuanto encaminar una concepción articulada en tres partes (natural, civil, política). El estado de naturaleza como reino de las necesidades y la búsqueda del propio interés, no tiene una relación directa con el Estado político sino que tiene que pasar por encontrar una mediación con la sociedad civil antes de convertirse en política” (ibidem). La sociedad civil se convierte en el mecanismo fundamental del paso a lo político y de la reconciliación de los antagonismos producidos por las transacciones y transformaciones económicas.

 

 

Gobierno de la diferencia y reconfiguración de la sociedad civil.

 

Por lo tanto, cuando hablamos de la sociedad civil hablamos de una forma de gobierno de lo múltiple y de una forma de reconciliar el poder constituido con el poder constituyente. Pero esta forma entra en crisis en el proceso que lleva hacia la autonomización política de la multitud.

 

¿En qué punto entronca exactamente la propuesta hecha en el Foro Social Galego por parte del líder histórico del BNG? ¿Cómo dialoga esta narración de la modernidad con las políticas expresivas del movimiento global de la multitud hasta aquí analizadas? En los anteriores epígrafes ejemplifiqué la crisis de la representación. Por otra parte, al precisar el pasaje desde la política de masas a la política de multitudes, se ha señalado un salto cualitativo en la política de movimiento. Si el principio lógico de las masas es su caminar al unísono y su uniformidad, por multitud se entenderá un cuerpo cuya esencia es la heterogeneidad, cuya consecuencia es la proliferación de singularidades, y cuya forma es la de un movimiento que afirma su a priori en tanto que forma política.

 

La contraparte de la conversión histórica de los pueblos y las masas en multitudes significa tanto la inflexión de la relación partido/movimiento -anteriormente comentada-, como la transformación de los medios y formas de la producción y su gobierno. Esta es la hipótesis que nos proponen Antonio Negri y Michael Hardt en la trilogía iniciada por los libros Imperio y Multitud. Para lo que concierne a la genealogía de las formas modernas de resistencia antagonista precisan una serie de pasajes que van desde las “revueltas guerrilleras dispersas al modelo unificado del ejército popular, de la estructura militar centralizada al ejército guerrillero policéntrico, y finalmente, del modelo policéntrico a la estructura en red distribuida.”[41] En estos pasajes las formas de resistencia dialogan con los modelos sociales: desde el periodo de acumulación capitalista, hasta el primer y el segundo momento de la Gran Industria, y desde este, al fin, al modelo postfordista.[42] En cada uno de los pasajes las figuras hegemónicas de cada momento expresan una transformación de la composición subjetiva que es a la vez el indicador de una transformación en las formas de producción, resistencia y gobierno. Según los autores de Imperio, coincidiendo en este aspecto con el análisis de Castells,[43] la forma dominante de la familia de enunciados sociales contemporáneos será la forma/red; flexible, descentralizada y heterogénea. Esta es también la forma dominante que asume la resistencia, la producción y el gobierno.

 

En términos gubernamentales, lo que presenciamos en los últimos cuarenta años, transversal a la emergencia de la política de la multitud, es un pasaje desde la gobernación de masas (modelo del Wellfare State, uniforme y universalista) a un nuevo gobierno de la diferencia, que hace proliferar una reticulación de los distintos sujetos de derechos (creación de grupos de riesgo varios, de migrantes, mujeres, jóvenes, distintas gamas de ciudadanía y no-ciudadanía, etc., fragmentados con muy diversos cortes, con muy distintos derechos y obligaciones).[44] El mismo proceso de gobernación de la diferencia puede verse en marcha en el marketing y la producción económica, especialmente sensible a la variedad de las cambiantes demandas (producción especializada just in time; objetos de consumo customizables). En este sentido, efectivamente, en tanto que abrevadero de múltiples subjetividades, heterogéneo y flexible, el esquema organizativo y el modelo expresivo del Foro Social pueden servir como instrumento de una nueva sociedad civil inmersa en intensos procesos de postmodernización. La forma política que el modelo del Foro insinúa, emerge como una posible respuesta a una sociedad civil en crisis y que en la contemporaneidad comienza a ser históricamente problematizada,[45] dadas las últimas transformaciones de las prácticas de gobierno, resistencia y producción. Es decir: el modelo que ejemplifican los Foros Sociales podría servir para el gobierno de la diferencia, rearmando lo civil, y haciendo converger de nuevo las subjetividades movimentistas con los mecanismos de representación del Estado, esta vez leídos en clave izquierdista. Con lo cual, fuese este el razonamiento que siguiese o no, puede decirse que la declaración del dirigente histórico del BNG ha captado bien las dinámicas actuales. La lección se ha aprendido durante los años recientes al haber atendido al poder destituyente del movimiento global de la multitud y su capacidad de renovar el repertorio de las formas políticas, los imaginarios y los derechos. En Galiza, como ya hemos argumentado, esta lección que ahora comienzan a asumir aquellos que por largo tiempo han estado inmersos en la más tradicional política de partidos, fue impartida durante los años 2001 y 2004 por la política de movimiento en su declinación en términos de multitud.[46] La lección comprende dos puntos capitales: la necesidad de trazar un devenir-movimiento en la sociedad civil, y la potenciación del propio movimiento como precondición para la renovación contemporánea de la izquierda.

 

Ahora bien, por definición, dada una problematización, surge siempre un número de posibles respuestas simultáneas. Decir que la sociedad civil está en crisis es enunciar la crisis de las distintas instituciones que la regulan. Y así hablamos de: la crisis del Estado hacia el cual se dirige la sociedad civil, una vez entran en escena los intensos procesos de transnacionalización política, cultural y económica; la crisis de la representación y de la política de partidos, con la irrupción de la política de movimientos como telón de fondo; la crisis de las formas fordistas de organización del trabajo (sindicatos, fábrica, etc.), una vez se da el paso hacia un capitalismo semiótico y postindustrial, organizado a través de formas productivas flexibles y en red. Michael Hardt habla de una condición post-civil para retratar lo contemporáneo, esto es en definitiva, una crisis del papel pedagógico y del rol de intermediario de la sociedad civil, una crisis del dispositivo dialéctico de conversión de la multitud en pueblo, y por ende, un crisis de la conversión por la vía civil de lo impolítico en político.[47]

 

En el seno de esta crisis, al decir que los movimientos sociales de los últimos cuarenta años han vivenciado una deriva hacia las políticas de la multitud, pero al mismo tiempo al haber reconocido en ellas las formas más radicales de democracia, lo que se hace es reconocer el carácter directamente político de la multitud en su acción. También se subvierte ese pánico y ese rechazo que la teoría política moderna ha sentido y ha expresado hacia la multitud, al menos desde la línea de pensamiento político que de Hobbes va hasta Hegel.[48] La multitud, lejos de sumergir el mundo en un salvaje warfare (Hobbes) o propiciar un frágil despotismo (Locke), en contra de la idealidad del Estado (Hegel), se revela como la posibilidad de revolucionar los mundos mediante la radicalización de una democracia movimentista que, además, se muestra como la principal arma en contra los procesos actuales de guerra global. A propósito de la manifestación multisituada contra la guerra en Iraq, en un artículo ampliamente citado, publicado el New York Times, podía leerse lo siguiente: “The fracturing of the Western alliance over Iraq and the huge antiwar demonstrations around the world this weekend are reminders that there may still be two superpowers on the planet: the United States and world public opinion”.[49] Surge aquí un tipo respuesta alternativa a aquella representada por el discurso en el Foro Social Galego de aquel líder histórico, y que reconoce ahora en la multitud al sujeto político, y por ende, considera que lo institucional ha de ser redefinido en función de su novedosa naturaleza. A lo largo de los últimos años este tipo de discursos alternativos han comenzado a cobrar cuerpo. En el presente ensayo los he ilustrado partiendo de distintas experiencias occidentales, mencionando no obstante otros casos americanos y asiáticos. Puede ser pertinente traer a colación, por fin, la intrepretación del analista postcolonial Partha Chatterjee, para esbozar así y con mayor amplitud la complejidad de las emergencias de las que estamos hablando. 

 

 

Crisis y exit de la sociedad civil.

 

No sin cierta ironía, Partha Chatterjee intenta retratar las prácticas de lo que llama “la política de los gobernados en casi todo el mundo”.[50] Por supuesto, con esta demarcación territorial (“casi todo el mundo”), el autor se refiere a todo el mundo “no-occidental”. Y aún cuando se centra en India, lo cierto es que sus análisis pueden extrapolarse a no pocas situaciones en América latina y tantos otros sitios. Para Chatterjee la sociedad civil se trata de una importación tomada de la antigua metrópolis colonial, empero deseada durante largo tiempo por muchos grupos en la India (especialmente las elites burguesas), identificada con el progreso y la independencia, y que aunque formalmente reconocida en los textos legales actuales, todavía no existe de facto para nada más que una pequeña minoría. De hecho, concluye Chatterjee, la existencia de un lucha en curso entre distintas concepciones de lo que la democracia ha de significar –nociones de elite y populares-  enfrentan actualmente dos formas políticas distintas: las de la sociedad civil y aquellas de lo que el autor denominará la “sociedad política”.

 

Para llegar a este último concepto Chatterjee parte del encuentro entre los estudios subalternos y las reflexiones foucaultianas sobre la gubernamentalidad. Foucault identifica a lo largo del siglo XIX un proceso que llamará la “gubernamentalización” del Estado. A partir de aquí, se traza históricamente una distinción entre la “ciudadanía” y las “poblaciones”. Al contrario que la ciudadanía, que acarrea un componente ético de participación en la representación estatal, la población se trata de una categoría puramente empírica y descriptiva. La gubernamentalización del Estado toma a su cargo estas distintas poblaciones –definidas por sus rasgos económicos, biológicos y culturales, sus conductas y sus funciones- implementando una serie de políticas diferenciales de corte securitario, sanitario, administrativo, de confinamiento y de movilización de los cuerpos. Chatterjee sostiene que el ideal ilustrado de una participación política (ciudadana) retrocede antes las racionalidades y los criterios tecnocráticos legitimados en la búsqueda del bienestar (de las poblaciones), convirtiéndose la política (estatal, de las ONG, etc.) en algo que tiene que ver más con la administración que con los ideales de la representación democrático-ilustrada. Lo que le interesa a Chatterjee es precisamente el ejercicio de lo político que desde sí realiza la sociedad política. Esta sociedad política es definida en cuanto que es como población, y no tanto en calidad de ciudadanos, como ejercen de facto la política. Estas poblaciones gubernamentalizadas son, por ejemplo, los cientos de millones de personas que viven en territorios okupados ilegalmente a lo largo del mundo, haciendo un uso ilegal del agua y la electricidad, reivindicando unas tierras que no son suyas y en contra de todos los principios de la sociedad civil (fundamentada sobre la representación, el derecho, etc.). Hasta cierto punto, según los vaivenes de la política estatal, su ilegalidad es tolerada y son tomados frecuentemente como agentes e interlocutores políticos válidos.[51] Tampoco pueden ser ignorados por otros elementos de la gobernanza, las ONG, por ejemplo. Y aunque ahora pueden votar en las elecciones, y a menudo lo hacen para presionar a los partidos durante sus acuerdos particulares, el voto civil no suele ser más que un voto instrumental dentro de su estrategia política  de corte a-civil (poblacional).

 

Chatterjee sostiene que en lo referido a India, si bien los primeros esbozos de la sociedad política pueden rastrearse durante el periodo de las luchas nacionales en pro de la independencia, no será hasta los años 1980 cuando irrumpe ésta como una forma diferencial. Esto es así por dos razones: 1) por el auge de una performance gubernamental que enfatiza el bienestar de las poblaciones pero que, no pudiendo asegurarla, debe relegar sus funciones “pastorales” en otro tipo de agentes (ya sean la propia sociedad política o las ONG que a menudo trabajan con ella); 2) debido al gran incremento de las movilizaciones políticas de diverso signo, desde irrupciones pasajeras, a movilizaciones con fines políticos u otro tipo de asociacionismo variopinto (religioso, de organización de festivales culturales, fans del cine, etc.).[52] En referencia a esto último Dipesh Chakravarty, criticando las nociones de soberanía de Hobbes, señala un incremento del poder de la multitud en India, hablando de un sin fin de actos cotidianos en los que se produce una micropolítica ajena a los modos de la sociedad civil: “people are so well trained in these modes of expresión of disaffection that they do not any longer need the leadership of organizad political parties to stage such events [of protest]”. No obstante, concluirá Chakravarty, estos actos cotidianos de los que habla, ni son programáticos ni se orientan en el futuro, sino que se agotan en el acto, y como advierte Chatterjee, del mismo modo que lo hace Virno para lo que concierne a Europa,[53] esta multitud se muestra ambivalente, siendo capaz de lo mejor y de lo peor. Sea como sea, concluye Chatterjee y no sin ironía, “in carrying out their pedagogical misión in political society –enlightened people like us- might also succeed in educating themselves”; “in this way the people is learning, and forcing their gobernors to learn, how they prefer to be governed”.[54]

 

Frente a esta emergencia de la politicidad no-civil cabe una serie de posicionamientos. Las elites indias, dirá Chatterjee, se lamentan al verlo como un retroceso político. Para ellas, se trata de una vuelta atrás en el tiempo, un abandono de los principios de la Ilustración, y con ello, una desviación de los cauces por los cuales transitaba el progreso político. Chatterjee lo verá como un exit democrático, un exceso que redefine la democracia más allá de las limitaciones de su forma moderna. Diremos que la sociedad política vulnera la misión pedagógica de la sociedad civil, contradiciendo la máxima de que sólo el Uno puede gobernar, creando una suerte de contra-instituciones no civiles cuya práctica subvierte el mecanismo dialéctico de la conversión civil de las multitudes en pueblos. Pero, ¿no es esto mismo lo que presenciamos, por poner un ejemplo, ante el auge de la piratería informática a escala mundial? La sociedad civil articula una serie de instituciones idealmente encaminadas a reconciliar los intereses particulares –económicos y de otro tipo- para hacerlos converger en el Estado. Sin embargo, bajo la práctica común de la piratería se esconde el desafío de una forma de producción semiótica –central para los procesos actuales de valorización del capital- que problematiza la propiedad intelectual y su regulación a través de lo civil, y que más allá de la propiedad privada, produce directamente de forma colectiva (y en clave de multitud). La piratería, y otras formas contra-institucionales como el copyleft, ejemplifican en la práctica una forma política para la cual el “sólo Uno puede gobernar” deja de ser operativa, y en su lugar es puesta una forma de producción y gobierno expresada con la forma de la multitud.

 

Habrá que enfatizar esta última idea. La crisis de la sociedad civil, como toda crisis, no puede ser leída en unos términos meramente negativos. Toda crisis evidencia la colisión con una fuerza de nuevo tipo. Así, las proposiciones IV y VI de Parte III de la Ética de Spinoza nos sugieren que, del mismo modo que “cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser”, “ninguna cosa puede ser destruida sino por una causa exterior”.[55] Crisis no es sinónimo de destrucción, pero sí de un encuentro de cuerpos agonísticos y heterogéneos. En efecto, tras la crisis de la sociedad civil ha de rastrearse la colisión con la naturaleza y las prácticas de la multitud. En esta colisión se produce la apertura spinoziana, esto es, una libertad que no se limita al libre albedrío y sus posibles elecciones sobre lo dado, sino una libertad en tanto que reconocimiento de la propia naturaleza del nuevo cuerpo –en este caso, un cuerpo político- que inaugura nuevos posibles, y que nos alerta de la nueva indeterminación sobre la cual fluctúa. Como no se cansaba de repetir Spinoza, nunca se sabe lo que puede un cuerpo.

 

 

 

CONCLUSIÓN: LA APERTURA CONTEMPORÁNEA.

 

En un libro que dialoga críticamente con No Logo, Christian Salmon afirma que estamos viviendo un giro narrativo.[56] Este giro puede rastrearse en muy diversos dominios. En la psicoterapia la nueva moda es la “terapia narrativa”; en el mundo de los managers el storytelling es una de las principales técnicas para la motivación laboral; a los médicos se los forma para “escuchar historias”; la autoyuda en boga defiende el storytelling auto-reflexivo como vía para llegar a la espiritualidad. Salmon habla de un “giro narrativo” y una “era narrativa”. El ejército norteamericano utiliza el storytelling insertando la narrativa de las películas de acción en los simuladores de formación de sus propios soldados. Para articular la experiencia de Hollywood y el Pentágono fue creado el Institute for Creative Technology. En lo que respecta a los políticos, el storytelling se ha convertido en un recurso capital. La retórica y el relato de Obama (la muy alterglobal historia de un mestizo de raíces kenianas que dice “no represento a un partido sino a un movimiento que va a cambiar América desde abajo”) es un claro ejemplo de la importancia un ejercicio de storytelling que recupera los motivos movimentistas. Por fin, en el mundo de la publicidad, muchos son los que consideran que la época en el cual lo central era la marca ya ha finalizado.

 

Las marcas eran fácilmente atacables, y las campañas de los activistas globales consiguieron hacer mucho daño a algunas de ellas (por ejemplo McDonald´s, por ejemplo Nike). Ahora la marca ha de convertirse en un vector de historias, y con ello pasamos de un campo laboral dominado por teóricos del branding al reino actual de los mythmakers. Según Salmon, estas historias tienen como objetivo crear “sujetos”. Por un lado, las historias interpelan en tanto que sujeto a aquellos que las escuchan (buscando la empatía y la identificación), por el otro lado, la historia (story) se construye intentando que el receptor quede sujeto al relato. Un ejemplo evidente sería la dramaturgia de las ruedas de prensa; en ellas los periodistas deben realizar tan sólo las preguntas que previamente han sido guionizadas por los storytellers de los políticos.

 

Siendo esto así, concluye Salmon, es necesario forjar un dispositivo contranarrativo que detenga la máquina de producir historias, que desenfoque y desincronice los relatos. “El enemigo es la historia”, concluye Salmon reivindicando para sí el manifiesto Desenfocar que el cineasta Lars Von Trier había escrito, tras abandonar éste último su anterior manifiesto Dogma. En palabras de Von Trier: “el tema que buscamos se encuentra en la misma realidad que inspira los hacedores de ficción. Pero no consiguen encontrarlo, ya que sus técnicas les ciegan. En realidad, no quieren encontrarlo, ya que estas técnicas se han convertido en la meta en sí. (…) La historia, el argumento, la revelación y la sensación nos han robado ese tema. (…) ¿Cómo redescubrirlo? ¿Cómo transmitirlo, describirlo? El desafío último es ver sin mirar: ¡desenfocar! En un mundo en que los medios de comunicación se prosternan ante el altar de la nitidez, y al hacerlo vacían la vida de toda vida, el desenfocador será el comunicador de nuestra época”.[57] Salmon agrega a esta propuesta otra cita de Michel Foucault, autor del cual toma la inspiración para el concepto “contranarración”, y que dice: “hay que escuchar el estruendo de la batalla”.[58]

 

Pero, ¿qué significaría esto para unas Ciencias Sociales que deseen ser críticas y políticamente comprometidas? Tal vez más que desenfoques debamos de hablar, como sugiere Donna Haraway, de difracciones [59], difracciones de los temas y de sus personajes, esto es, una experimentación conceptual que lleve a estos elementos más allá de donde se encuentren, y que creen al fin una contranarrativa que puede ser habitada por los sujetos, sin éstos quedar presos de ella.[60] He hablado de narraciones y anales, y de cómo a través de la primera se empoderaba un movimiento, y de cómo en un momento dado los medias redujeron su experiencia, cuando esta decaía, a un conjunto de anales inconexos. Critiqué una temática narrativa concreta, la del film Battle in Seattle, presentando entonces un protagonista distinto (la figura de la multitud global). La narración ha sido llevada a otro orden de cosas, precisando la potencia del movimiento en su impacto geopolítico global, e insertándolo dentro de las tramas genealógicas del juego entre el poder constituido y el poder constituyente. Por fin, he intentado esbozar dos tipos de respuestas posibles ante las problematizaciones que iban surgiendo a lo largo de esta narración alternativa. Hablamos de figuras y narraciones. Pero en el ejercicio de la difracción no sólo se transforman los personajes y las tramas, sino que la identificación de estos elementos difractados insinúan la emergencia de nuevos posibles. También he hablado de las problematizaciones y sus múltiples respuestas. Las elecciones, sobre un terreno crítico, nunca se dan sobre lo dado sino en el abierto spinoziano. Por ello he concluido insinuando una apertura en lo contemporáneo, esto es, en un terreno oscilante entre el pasado reciente y el futuro cercano que comienza a convertir en histórico lo moderno, abriendo así la posibilidad de llevarnos reflexivamente a otra parte.

 

Se ha defendido aquí que la política expresiva de la multitud global reconfigura la posibilidad de la democracia más allá del fin de la historia, pero también más allá del dispositivo conversor de la sociedad civil. Y esta es la gran batalla, o al menos una de las más importantes. La democracia en todas sus declinaciones: democracia política, democracia económica, del conocimiento, ecológica, etc., si es que estos reinos tiene sentido pensarlos por separado. Y así, más allá de los términos de la sociedad civil, más allá de su reconfiguración y su crisis, la pregunta que parece instaurar el movimiento global como singularidad histórica no puede ser ya desoída ni por los analistas sociales y ni por sus propios activistas: ¿Cómo reinventar la democracia en términos de multitud, movimiento y expresión más allá de las formas modernas de reductio ad unum en la representación? ¿Cómo pensar las relaciones partido/movimiento entonces? Y, más aún, ¿cómo podría ser una democracia de la multitud, esto es, una democracia expresada sin la mediación del dispositivo civil? He aquí el desafío nada “simbólico” que se alza más allá de la teoría de los Nuevos Movimientos Sociales.

 

Por lo demás, el reto que se plantea este ensayo, es el trabajar desde interior de una forma determinada de producción de conocimientos. Llamémosla experimental, dentro del intertexto global de un laboratorio experimental permeado por las maneras de las Ciencias Interpretativas. Este laboratorio experimental ha de ser ante todo conceptual, y en tanto que experimental y conceptual, ha de tomarse en serio el arte de plantear preguntas. A veces esto es lo más complicado. Sea como sea, las repuestas a cualquier problematización que aquí hayan podido ser evocadas, habrá que encontrarlas en el medio de las luchas. Tejida la ontología social por las relaciones de los cuerpos, que siempre son desde alguna perspectiva relaciones de fuerzas -así en la epistemología spinoziana, como en la nietzschiana o foucaultiana-, no puede haber otro lugar para hallarlas. Las Ciencias Interpretativas han de reconocerse en las relaciones agonistas, o no se reconocerán en ninguna parte. He aquí el desafío que se presenta ante la mirada de un laboratorio crítico, en la crisis de la representación, con la inmanencia de una contemporaneidad abierta. Ahora la cuestión es la siguiente, ¿a través de qué historias y con que formas seremos narrados?

 

 

 


[1] Entrevista con Stuart Townsend y Charlize Theron disponible en www.premiere.com, consulta 10 de diciembre de 2008.

[2]  El haber tomado en calidad de objeto analítico esta expresión de la cultura mediática responde al deseo de discutir sobre la relación entre movimiento, cultura “popular” y mass media.  Si la relación entre medias y movimiento ha sido capital durante las últimas décadas, parece serlo especialmente en lo que el “espíritu de Seattle” hace referencia. Retomaré esta cuestión a lo largo del presente artículo. Como información adicional enumero las siguientes críticas al film de Townsend que pude escuchar en boca de distintos activistas: la división entre activistas buenos y malos en función de su adopción de estrategias y discursos “pacíficos” o “violentos” sigue presente en Battle in Seattle; la exposición de los procesos de toma de decisión asamblearia se aleja notoriamente de las experiencias vividas por los activistas sin ser capaz de representar los procesos decisionales y sobrevalorando el papel de los líderes; la estilización de la figura del activista lo desfigura y lo reconstruye a partir de los distintos cánones hollywoodienses típicos en las construcción fílmicas del héroe de acción; la instrumentalización de distintos recursos “sensibleros” para la creación de la empatía; la actitud acrítica hacia los representantes estatales de los países empobrecidos, representados en el film como meras víctimas; el tono general de la película y la presentación dominante del activismo y sus proclamas, representativo nada más que del posicionamiento político de los sectores más soft del movimiento (habitualmente relacionado con las ONGs) y de sus discursos “tercermundialistas”, victimistas y asistencialistas.

[3] David Graeber sostiene que no es posible hablar de “violencia” para referirse al black block. De hecho, considera que si el movimiento es temible para el Estado, es en parte porque precisamente carece de argumentos que pueda presentarlo como “violentos”. No hay lucha armada, en todo caso una violencia poética, simbólica, que se limita a romper los escaparates de las grandes empresas transnacionales. En este sentido, Jeffrey Juris habla de “violencia performativa” para referirse a una serie de expresiones comunicativas. A través de la estética y la destrucción de los símbolos del capitalismo el Black Block comunica diversos mensajes a distintos receptores. Por un lado, el mensaje marca una identidad y diferencia entre sus formas de militancia y el de resto de activistas. A la policía y a los gobiernos les comunica su posición de beligerancia, y además, intenta con ello evitar que el movimiento pueda ser “recuperado” por la política representativa.    Ver, David Graeber, “Los nuevos anarquistas” en New Left Review, nº12, pags. 139.-151; Jeffrey Juris, Networking futures. The movement against corporate globalization, Duke Universty Press, Durham, NC, 2008

[4] Desde los ya clásicos Las palabras y las cosas de Michel Foucault, La condición postmoderna de Jean-François Lyotard o las epistemologías deconstructivas derridianas, se ha discutido largamente sobre la “crisis de la representación” en las ciencias sociales y la política. En términos políticos, tal crisis hace alusión a la pérdida de legitimidad representativa de los sistemas modernos dominantes (democracia capitalista y socialismo real), y también a la crisis en la forma de representar los distintos sujetos políticos: crisis del concepto “proletariado”, por ejemplo, pero también de cada uno de los otros sujetos de las llamadas políticas de la identidad; por ejemplo, crisis del sujeto universalista “mujer” al irrumpir la diferencia movimentista de las “mujeres afroamericanas”, “mujeres no occidentales”, “lesbianas” o “transexuales” a través de las teorías postcoloniales, postfeministas, etc.

[5] Hayden White. “El valor de la narrativa en la representación de la realidad”, en El contenido de la forma, Paidós, Barcelona, 1992, pags. 17-39.

[6] “Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, chicano en San Isidro, anarquista en España, palestino en Israel, indígena en las calles de San Cristóbal, chavo banda en Neza, rockero en CU, judío en la Alemania nazi, ombudsman en la Sedena, feminista en los partidos políticos, comunista en la posguerra fría, preso en Cintalapa, pacifista en Bosnia, mapuche en los Andes, maestro de la CNTE, artista sin galería ni portafolios, ama de casa un sábado por la noche en cualquier colonia de cualquier ciudad de cualquier México, guerrillero en el México de fin del siglo XX, huelguista en la bolsa de New York, reportero de nota de relleno en interiores, mujer sola en el metro a las 10 p.m., jubilado en plantón en el Zócalo, campesino sin tierra, editor marginal, obrero desempleado, médico sin plaza, estudiante inconforme, disidente en el neoliberalismo, escritor sin libros ni lectores, y, es seguro, zapatista en el Sureste mexicano. En fin, Marcos es un ser humano cualquiera en este mundo. Marcos es todas las minorías intoleradas, oprimidas, explotadas, resistiendo, diciendo “¡ya basta!” Todas las minorías a la hora de hablar y mayorías a la hora de callar y aguantar. Todos los intolerados buscando una palabra, su palabra, lo que devuelva la mayoría a los eternos fragmentados, nosotros. Todo lo que incomoda al poder y a las buenas conciencias, eso es Marcos.” EZLN, “Comunicado de prensa del Subcomandante Marcos. Mayo 28, del 1994”, disponible en www.bibliotecas.tv/chiapas, consulta 10 de diciembre de 2008.

[7] Para un debate sobre las formas y posibilidades de la “antropología de lo contemporáneo” véase Paul Rabinow, George Marcus, James Faubion y Tobias Rees, Designs for An Anthropology of the Contemporary, Duke University Press, Durham, NC, 2008. También, el website del Anthropology of the Contemporary Research Collaboratory que dirige Paul Rabinow: http://anthropos-lab.net, consulta 10 de diciembre de 2008.

[8] Aquí las referencias serían múltiples. Por mi proximidad a sus análisis, mencionaré el trabajo de Amador Fernández-Savater, Marta Malo de Molina, Marisa Pérez Colina, Raúl Sánchez Cedillo “Ingredientes para una onda global”. Disponible en www.universidadnomada.net, consulta 10 de diciembre de 2008. En este texto se utiliza la expresión “movimiento global”, comúnmente utilizada en distintos ambientes, con fines performativos/prospectivos, nunca representativos ni simplemente descriptivos. En este sentido, el “movimiento global” debe ser entendido como una onda y no como un sujeto o un objeto de límites y contornos definidos, es decir, como un flujo que atraviesa e impregna lo político empapándolo con la singularidad de una nueva forma de política de movimiento.

[9] El nombre “movimiento anti-globalización” fue acuñado por los mass media tras los sucesos de Seattle. Aunque algunos activista lo hicieron suyo, la mayoría decidió decantarse por otras fórmulas tales como “movimiento alterglobalización”, “movimiento global” o “globalización desde abajo”, para aclarar que no se estaba contra la globalización en sí sino en contra de una globalización determinada (corporativa, neoliberal o capitalista) y a favor de una globalización distinta. En este sentido han de leerse también los slogans y las reiteradas llamadas de los activistas a realizar una “globalización de la solidaridad”, una “globalización de las resistencias”, o una “globalización desde abajo”.

[10] A propósito de la contra-cumbre de Berlín véase Pablo Iglesias Turrión “Un nuevo poder en las calles. Repertorios de acción colectiva del movimiento global en Europa”, en Política y Sociedad, 2005, Vol. 42 Núm. 2, págs. 63-93. Para un análisis más detenido del movimiento antiglobalización antes de Seattle véase Enara Echart, Sara López y Kamala Orozco, Origen, protestas y propuestas del movimiento antiglobalización. Ediciones de la Catarata, Madrid, 2005, pags. 88-105.

[11] “El Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) comienza a negociarse en secreto en 1995 entre 29 países de la OCDE y establece el trato de ‘nación favorecida’ aplicado a los miembros del GATT [precursor de la Organización Mundial del Comercio] para todas las empresas extranjeras que decidan invertir en los países subscriptores del acuerdo; ésta, además, congela las condiciones microeconómicas del momento de la inversión, pudiendo las empresas –y nunca los Estados- demandar a estos últimos en caso de alteraciones que ‘repercutan sobre su margen de beneficios’ y exigir reparaciones”, en Echart, López y Orozco, op. cit., pag. 100. El texto final del AMI fue filtrado por la ONG Global Trade Watch y publicado por Le Monde Diplomatique, periódico del cual surgiría una de las organizaciones más visibles de las contra-cumbres (ATTAC). Tras una serie de polémicas y protestas multitudinarias el acuerdo fue finalmente paralizado. La presión del ciberactivismo fue en este caso fundamental.

[12] Véase Harry Cleaver, “Computer-Linked Social Movements and the treta to Global Capitalism”, disponible en www.eco.utexas.edu/Homepages/Faculty/Cleaver/polnet.html, consulta 10 de diciembre de 2008.

[13] Guy Debord, La sociedad del espectáculo, Pre-textos, Valencia, 1999.

[14] Para un análisis del contra-espectáculo en los movimientos sociales contemporáneos véase Stephen Duncombe, Dream. Re-imagining progressive politics in an Age of Fantasy. The new press. New York, 2007.

[15] En este punto existen discursos contrapuestos. Mientras son muchos los que deciden apostar por formas expresión preformativa y carnavalescas que impacten en los medias y en el público, otros critican este tipo de actuación por considerar que frivolizan la protesta. Este último sería, por ejemplo, el discurso dominante en el Black Block. Aún así, la propia actuación del Black Block puede ser considerada como un “contra-espectáculo” performativo (ver nota 3). A través de este contra-espectáculo el Black Block lanza un mensaje tanto a los medias como al resto de activistas, apostando por radicalizar las políticas de movimiento de tal modo que no puedan ser recuperadas por las organizaciones representativas institucionales.

[16] El concepto “rizoma” fue acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari en Mil Mesetas, Pre-Textos, Valencia, 2004. En otro lugar, Felix Guattari ofrece la siguiente definición: “Rizoma, Rizomático: los diagramas arborescentes proceden con arreglo a jerarquías sucesivas, a partir de un punto central, de tal suerte que cada elemento local remonta a ese punto central. Por el contrario, los sistemas en rizoma o en emparrado pueden derivar hasta el infinitivo y establecer conexiones transversales sin que puedan ser centrados o clausurados. El término ‘rizoma’ procede de la botánica, donde define los sistemas de tallos subterráneos de plantas vivaces que emiten yemas y raíces adventicias en su parte inferior. (Ejemplo: rizoma del lirio)”, en Félix Guattari, Plan sobre el planeta, Traficantes de Sueños, Madrid, 2004, pag. 139.

[17] Antonio Negri y Michael Hardt. Multitud. Guerra y democracia en la era del imperio. Debolsillo, Barcelona, 2006.

[18] Jeffrey Juris, op.cit, pág. 296.

[19] Unos años después, en el 2006, una serie de manifestaciones mulsituadas de migrantes tomaron las calles de diversas ciudades estadounidenses batiendo todos los records. En el sumatorio de las marchas se movilizaron 500.000 personas.

[20] Aunque el movimiento decae en Europa y Norteamérica, será a partir de esta fecha cuando el Foro Social Mundial comienza a realizarse en otros continentes, concretamente en Mombai en el 2004 (con 125.000 participantes), en Mali en el 2006 y en Nairobi en el 2007 (50.000 asistentes). Tampoco es válida esta periodización occidental para Latinoamérica, y no ya porque el encuentro más populoso del FSM en Porto Alegre sea el del 2005 (150.000 participantes se dieron cita en un foro esta vez con un carácter más descentralizado y con mayor presencia de movimientos), sino porque aquí más que en ningún sitio la interpretación de la potencia del movimiento necesariamente ha de desprenderse de los confines de la marca para dialogar con los distintos procesos emergentes que finalmente trastocan su geopolítica continental. Tomo todos estos datos sobre las contra-cumbres y los FSM de Jeffrey Juris, op.cit., pag.48-51.

[21] Giorgio Agamben. Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida. Pre-Textos, Valencia, 2006.

[22] Durante estos años la suspensión de la libertad de circulación fue una medida adoptada con frecuencia para evitar la participación transnacional en las contra-cumbres.

[23] Sobre la brutalidad policial en Génova y la respuesta de la multitud véase Juris, op.cit., y  Wu Ming, Esta revolución no tiene rostro. Acuarela, Madrid, 2002.

[24] En efecto, la represión fue un obstáculo pero no un impedimento. Durante el 2002 el Black Block volvió a estar presente, del mismo modo que lo estuvo hasta la contra-cumbre del Rostock contra el G8 del 2007, en la cual se manifestaron cerca de 50.000 activistas. En esta manifestación se organizó el que posiblemente fuese el Black Block más multitudinario. Un bloque compacto de unas 5.000 personas vestidas de negro marcharon por las calles de esta ciudad alemana.

[25] El punto 8 de su Carta de Principios reconoce su composición necesariamente heterogénea. Para garantizar la política expresiva de la multiplicidad el punto 6 establece que “nadie estará autorizado a manifestar, en nombre del FSM y en cualquiera de sus encuentros, posiciones que sean atribuidas a todos sus participantes”. Enfatizando su diferencia con las políticas representativas, el punto 5 advierte que “el Foro Social Mundial no pretende ser una instancia de representación de la sociedad civil”. Y en el punto 9 manifiesta que “no deben participar en el Foro representaciones partidarias” si bien “podrán ser invitados, solamente con carácter personal, gobernantes y parlamentarios que asuman esta Carta de Principios”. Foro Social Mundial, “Carta de principios del Foro Social Mundial”, disponible en /www.forumsocialmundial.org.br, consulta 10 de diciembre de 2008.

[26] Jeffrey Juris, op.cit., págs. 111-113.

[27] Aunque evocadora, la esquematización de Juris tiene una serie de problemas. Si la política del primer grupo (sector institucional) sigue expresando bajo la forma general un tipo de política representativa, los movimientos-red, dirá Juris, se tratan de la encarnación más pura de lo que aquí llamamos políticas expresivas de la multitud, y que el autor resume como políticas del networking. Para Juris, además, el resto de sectores constituyen identidades más o menos fuertes, un dato más que los diferencia de los movimientos-red, por lo menos en tanto que red, es decir en su forma general. La esquematización se complica cuando acercándose a los movimientos-red y las movimientos de la autonomía anticapitalista, observamos que amplios sectores de los segundos se constituyen hoy como movimientos-red per se, y más aún, en la constitución inicial de muchos de estos movimientos-red estos movimientos autónomos han jugado un papel decisivo. El ejemplo más evidente sería el movimiento organizado en torno a lo que ha venido a llamarse Euro May Day, un movimiento-red de precarios que es impulsado por lo que se suele llamar el “área de la autonomía”, por lo demás, un heredero directo de las expresiones antagonistas innovadoras de la refundación de la izquierda que en clave de multitud tuvo lugar durante los años 60 y 70.

[28] Derecho de los pueblos a elegir cómo y qué producen, atendiendo antes a los intereses de las personas que a los de las empresas, y teniendo en cuenta la situación a menudo desoída de las mujeres.

[29] Michel De Certau, La invención de lo cotidiano. Universidad Iberoamericana, México D.F., 1999.

[30] Entrevista a Carlos Santiago, “La revuelta de la ficción” en Contra Poder, nº9, págs. 57 y 59.

[31] Ibidem, pág. 59.

[32] Lo que se reprodujo fue la emergencia de la política de la multitud en tanto que forma del poder constituyente. Con esto, no obstante, como ya hemos mencionado anteriormente, no queremos presentar una homogeneidad formal en el cuerpo de las movilizaciones. Del mismo modo que los partidos políticos están presentes en el movimiento antiglobalización, también lo están, por ejemplo, en las movilizaciones contra el Decreto Gelmini. Desde un momento temprano IU participó del movimiento global, y en la manifestación de Barcelona del 2002 se sumaron destacados dirigentes del PSOE. Del mismo modo, en la manifestación que aglutinó a un millón de personas en Roma contra el Decreto Gelmini, participaron varios partidos de las distintas graduaciones del centro-izquierda (Rifondazione Comunista, Partido Democratico) que ya habían participado en las movilizaciones contra el G8 en Génova. Sin embargo, en todas estas experiencias, el partido, lejos de ser la vanguardia estrategizadora, siempre fue a remolque. El movimiento y no el partido expresó la potencia y encoporizó la emergencia, limitándose el partido a seguir su trayectoria desde atrás, sin capacidad estrategizadora, sin poder marcar tampoco ni los ritmos ni los discursos, en buena medida limitándose a estar ahí para estar en los media e intentado cooptar una potencia exógena. Es en este sentido que la anteriormente comentada segunda jornada de Génova 2001 fue significativa en términos de crisis de la representación, evidenciando la limitación de la efectividad cooptadora de unos  partidos convertidos en deudores del movimiento.

[33] Para un análisis de lo que los propios autores acuñan como “poder destituyente” en relación a la insurrección argentina del 2001 véase Colectivo Situaciones, Argentina. Apuntes para el nuevo protagonismo social. Virus, Barcelona, 2003.

[34] Charles Tilly, “Los movimientos sociales entran en el siglo veintiuno”, en Política y Sociedad, Vol. 42, Nº 2, 2005, pág. 12

[35] “La innovación [del giro geopolítico americano] reside precisamente en el hecho de que los gobiernos de Brasil, Argentina y Venezuela –a los que se suma ahora Evo Morales en Bolivia- no son la representación de un proyecto ‘nacional’, sino la expresión de un movimiento múltiple. Las luchas son el acontecimiento constituyente de ese movimiento. Fue la insurrección boliviana (…) la que abrió el camino a la presidencia. De la misma manera, fue la multitud congregada en el Palacio de Miraflores la que permitió la radicalización del giro ‘bolivariano’ de Chávez. El propio Kirchner es producto de la onda expansiva de las jornadas semi-insurreccionales del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Buenos Aires. Lo mismo vale para Lula, cuya victoria electoral no puede comprenderse sin la articulación de la autonomía obrera del ABC paulista con los movimientos urbanos brasileños en el contexto del ‘partido-red’ (el Partido de los Trabajadores)”, Antonio Negri y Giuseppe Cocco, GlobAl. Biopoder y luchas en una América latina globalizada. Paidós, Buenos Aires, 2006, pg. 16.

[36] Raimundo Viejo Viñas, “El notable, el partido y el movimiento: Tres políticas ante el cambio global”, en prensa.

[37] Raimundo Viejo Viñas, “Pensar en la política de movimiento: ideas políticas y movilizaciones sociales en la era global”, VIII Congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración, Universidad de Valencia, 2007.

[38] Ángel Luis Lara, “¿Es posible un presidente negro en los Estados Unidos?” en Diagonal, 10 al 23 de julio de 2008, nº62, pg. 8.

[39] Gilles Deleuze y Felix Guattari, op.cit., pags. 15-16.

[40] Michael Hardt, “La desaparición de la sociedad civil” en Nova & Vetera, nº 42., pag. 51

[41] Antonio Negri y Michael Hardt, op.cit., pag. 116.

[42] Para un análisis esquemático de estas transiciones y sus características productivas véase Antonio Negri, “Interpretación de la situación de clase hoy: aspectos metodológicos” en Antonio Negri y Felix Guattari, Las verdades nómadas & General Intellect, poder constituyente, comunismo, Akal, Madrid, 1999, pp. 83-117.

[43] Manuel Castells, La era de la información, Alianza, Madrid, 1997.

[44] A propósito del funcionamiento del “gobierno de la diferencia” para lo que concierne a las políticas de la migración, ver Débora Ávila y Marta Malo, “Diferencias gobernadas, nuevos racismos” en Diagonal, nº 84, 3 al 16 de diciembre de 2008. Disponible en www.diagonalperiodico.net, consulta 10 de diciembre de 2008. Para un estudio más amplio de esta temática, véase Alessandro De Giorgi, El gobierno de la excedencia, Traficantes de Sueños, Madrid, 2006.

[45] “Me parece que hay un elemento específico que distingue la historia del pensamiento: algo que uno podría llamar […] problematizaciones. […] Para que un dominio de acción pueda entrar en el campo del pensamiento, es necesario que cierto número de factores lo hayan convertido en incierto, que haya perdido su familiaridad, o haya producido a su alrededor cierto número de dificultades. El pensamiento es una respuesta original, o cuando menos una respuesta específica, que bien puede ser múltiple, y a veces en sus diferentes aspectos contradictoria, en tanto que responde a múltiples dificultades o incitaciones que han hecho que una situación o contexto aparezca como una pregunta posible.” “Para un mismo conjunto […] de dificultades pueden ser dadas diversas respuestas. Y en la mayoría de los casos, diversas respuestas son propuestas. Lo que uno debe entender, es lo que hace posible estas respuestas simultáneas”, Michel Foucault, en Paul Rabinow “Pasos hacia un laboratorio antropológico”, en prensa. Disponible en inglés: Paul Rabinow, “Steps toward an anthropological laboratory”, en http://anthropos-lab.net

[46] El antropólogo Arturo Escobar hace hincapié en considerar y estudiar los movimientos sociales como productores de conocimientos. A propósito de los movimientos de negritud y las políticas de distintos grupos indígenas, por ejemplo, estudia cómo éstos a lo largo de sus prácticas de resistencia contra los aparatos gubernamentales, las empresas transnacionales y la industria farmacéutica, reelaboran localmente en el seno de estas interconexiones globales los conceptos de “vida”, “naturaleza”, “territorio”, “desarrollo”, etc. Esta misma producción puede rastrearse en los discursos de los movimientos acerca de la sociedad civil, pero también en cómo de forma indirecta la política de movimiento inserta conocimientos latentes o implícitos en otras formaciones políticas. Ver Arturo Escobar, “El lugar de la naturaleza y la naturaleza del lugar: ¿Globalización o Postdesarrollo?” en  Edgardo Lander (comp.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales perspectivas latinoamericanas. CLACSO, Buenos Aires, 2000. También, Arturo Escobar, “Comunidades Negras de Colombia: En defensa de la biodiversidad, territorio y cultura”, disponible en http://www.unc.edu/~aescobar, consulta 10 de diciembre de 2008.

[47] Michael Hardt, op. cit.

[48] Para una interpretación de la teoría política moderna estatalista en clave de pánico y rechazo de la multitud véase Antonio Negri, El poder constituyente, Libertarias/Prodhufi, Madrid, 1994.

[49] Patrick Tyler, “Threats and Responses: New Analysis; A New Power in the Streets” en New York Times, 17 de febrero de 2003. Disponible en www.nytimes.com, consulta 10 de diciembre de 2008.

[50] Partha Chatterjee, The politics of the governed. Reflections on popular politics in most of the world, Columbia University Press, New York, 2004.

[51] Partha Chatterjee, op. cit., pp. 41.

[52] Partha Chatterjee, op. cit., pp. 47.

[53] Paolo Virno, Ambivalencia de la multitud, Tinta de Limón, Buenos Aires, 2006.

[54] Partha Chatterjee, op. cit., pp. 51 y 78.

[55] Baruch Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, Alianza, Madrid, 2006, pp.202  y 203.

[56] Christian Salmon, Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Península, Barcelona, 2008.

[57] Lars Von Trier citado en Christian Salmon, op. cit., pp. 224-225.

[58] Michel Foucault citado en Christian Salmon, op. cit., pp. 225.

[59] Donna Haraway, Testigo_Modesto@Segundo_Milenio.HombreHembra©_Conoce_Oncoratón®, UOC, Barcelona, 2004.

[60] Donna Haraway, op.cit.

 

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